A propósito de una noticia que pueden leer aquí hago una reflexión.
Se trata de un grupo de médicos (y otro personal) puertoriqueño enviado a Haití por el Senado de Puerto Rico. Estoy seguro de que hicieron su trabajo y contribuyeron a aliviar el sufrimiento de esa gente. En sus descansos podían hacer lo que estimaran más oportuno, sin hacer daño a nadie. Pero tenemos la costumbre de salir en las fotos sonriendo.
"Voy a proceder a amputar este miembro" ¡¡mira al pajarito!! y mira sonriendo. El resultado es la foto más macabra y con más mala leche que uno pueda hacer. Y detrás de ella lo más probable es que no haya nada...
Son fotos bobas, inadecuadas para ser enseñadas a nadie, pero aceptables para el uso particular. Y a algún genio se le ocurre subirlas a Facebook. ¿Cuando entenderemos el poder de difusión de internet?. Todavía tengo por ahí danzando una foto mía comiendo espaguettis a boca llena.
Uno de los peligros del trabajo en la calle es la exposición a los demás, la posibilidad de que nos graben o fotografíen trabajando y saquen un error o fallo (que quizá no lo sea, pues quien ve la foto no conoce el contexto ni la situación clínica del paciente). Los más jóvenes aún no entienden que una imágen suya puede causarles muchos problemas. Pero es que los viejos... una vez más se demuestra que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos y nuestra imprudencia.
Se trata de un grupo de médicos (y otro personal) puertoriqueño enviado a Haití por el Senado de Puerto Rico. Estoy seguro de que hicieron su trabajo y contribuyeron a aliviar el sufrimiento de esa gente. En sus descansos podían hacer lo que estimaran más oportuno, sin hacer daño a nadie. Pero tenemos la costumbre de salir en las fotos sonriendo.
"Voy a proceder a amputar este miembro" ¡¡mira al pajarito!! y mira sonriendo. El resultado es la foto más macabra y con más mala leche que uno pueda hacer. Y detrás de ella lo más probable es que no haya nada...
Son fotos bobas, inadecuadas para ser enseñadas a nadie, pero aceptables para el uso particular. Y a algún genio se le ocurre subirlas a Facebook. ¿Cuando entenderemos el poder de difusión de internet?. Todavía tengo por ahí danzando una foto mía comiendo espaguettis a boca llena.
Uno de los peligros del trabajo en la calle es la exposición a los demás, la posibilidad de que nos graben o fotografíen trabajando y saquen un error o fallo (que quizá no lo sea, pues quien ve la foto no conoce el contexto ni la situación clínica del paciente). Los más jóvenes aún no entienden que una imágen suya puede causarles muchos problemas. Pero es que los viejos... una vez más se demuestra que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos y nuestra imprudencia.