tanidya
e-mergencista experimentado
«Los accidentes con niños y los atropellos son los más dramáticos»
«No llevar el cinturón puesto supone casi siempre la muerte o heridas graves», recuerda Zabaleta
La doctora Zabaleta en una ambulancia de emergencias. [DAVID APREA]
EL PERFIL
Arantxa Zabaleta nació en San Sebastián. Estudió Medicina en la UPV. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Casada con un pamplonés, tiene tres hijos, de 11, 9 y casi 4 años. Responsable de una de las ambulancias medicalizadas de Emergencias de Osakidetza donde trabaja desde hace 12 años.
Estamos en unas fechas en las que el regreso multitudinario de vacaciones provoca accidentes de tráfico que pueden resultar trágicos. Pero no sólo para quien los padece, sino también para quien los atiende, como Arantxa Zabaleta, médico de Emergencias de Osakidetza, con sede en el ambulatorio donostiarra de Amara. Doce años lleva acudiendo urgentemente a los siniestros que se producen en las carreteras entre Irun y Zarautz.
- ¿Estadísticamente hay más accidentes que atender en agosto?
- No sé si en agosto, pero sí que en verano hay más accidentes y son más graves. La noche y el exceso de velocidad, más el alcohol, están siempre de por medio.
- ¿Y conductores con otras sustancias?
- Los vemos, pero no intervenimos más que si hubiese una complicación por motivo de esas sustancias.
- ¿En cuántos accidentes ha participado en los que haya habido muertos y heridos graves?
- En muchos, porque llevo trabajando doce años, desde que se creó el servicio de emergencias. Eso que en la zona de Donostia no tenemos tantos accidentes, aunque sí en Gaintxurizketa, porque llegamos hasta Irun y Zarautz. Ha habido bastantes muertos, sí, porque llaman a nuestra ambulancia cuando los accidentes son potencialmente graves.
- Cuando les alertan de un accidente, ¿qué lugar temen más?
- Si es en la autopista es que es grave, por la velocidad fundamentalmente. Pero hace poco nos avisaron desde la carretera que baja de Perurena a Astigarraga por uno mortal. Gaintxurizketa es también un punto negro.
- ¿Se pone aún nerviosa cuando recibe una llamada de emergencia?
- Sí (rotunda). Sobre todo si hay un atropello, porque hay mucha violencia de un coche o una moto frente a una persona indefensa. Nunca sabes lo que te vas a encontrar.
- ¿No?
- No. Tengo siempre miedo a que haya niños de por medio. A todos nosotros nos impresiona mucho. O si es gente joven quien conduce y ves que en un momento ha pasado de estar bien a poder destrozar su vida o a sufrir una lesión irreversible. También sufro si el accidentado ha quedado encerrado entre la chapa: no puedes llegar al paciente y hay que esperar a que los Bomberos lo excarcelen.
- ¿A más aparatosidad, mayor peligro de muerte?
- No, a veces influye la suerte. Además, los coches actuales pueden quedar destrozados pero el accidentado encontrarse bien porque son vehículos muy seguros. No llevar el cinturón puesto supone casi siempre la muerte o heridas graves porque sales despedido.
- ¿Se cumple la máxima de zapatos sueltos en la carretera, muerto seguro?
- Sí, porque supone que el golpe ha sido muy violento y quien ha sido expulsado hasta la calzada no ha podido resistir los golpes.
- ¿Cuál es el protocolo de actuación de la Unidad de Emergencias en un accidente grave?
- Asegurar la actuación, evitar que haya un nuevo accidente o atropello cuando estés atendiendo a un accidentado. La gente que pasa en coche mira al lugar del suceso y... Señalizamos o incluso cruzamos la ambulancia hasta que lleguen la Ertzaintza y los bomberos. Después, comprobar el nivel de consciencia. Si habla nos da mucha información: está consciente y con las vías respiratorias libres. En función de ello, le tranquilizamos y atendemos. Lo angustioso es tener que esperar a que lo liberen de dentro del vehículo.
- ¿Hay una estadística médica de gravedad al ver un accidente: si es un choque frontal, un vuelco, una salida de calzada a un terraplén...?
- No hay estadística. Depende de la suerte. Si es un choque frontal suelo pedir que sea entre dos vehículos similares, no uno potente y otro pequeño.
- ¿Cuándo le dice su ojo clínico que hay víctimas mortales?
- El nivel de consciencia: que no hable, no responda.
- ¿Qué hace en ese caso?
- Extraerlo del vehículo rápidamente e inmovilizarle. Liberamos su vía aérea, con intubación si hace falta, ponerle líquidos, como sueros, mejorar su circulación sanguínea y atender si hay golpes en la cabeza y fracturas. Y luego se traslada.
- ¿Se improvisa mucho?
- Antes igual sí, cuando lo primordial era trasladar al paciente a un centro hospitalario. Ahora primero se le estabiliza: pincharle en el tórax si padece un neumotórax para salvarle la vida posiblemente, o si tiene una lesión abierta se le tapa en condiciones adecuadas. Cuando está en disposición de ser trasladado en las mejores circunstancias, se le evacúa. Siempre, además, al centro más adecuado para evitar nuevos traslados por falta de medios. Normalmente, al Hospital Donostia.
- ¿También hacen terapia psicológica? ¿Tranquilizan al accidentado con palabras?
- Si hay heridos graves no nos da tiempo. Quizá fallemos un poco ahí. Para eso tenemos a los compañeros del Soporte Vital Básico.
- Si hay niños de por medio el problema se agrava...
- Es más dramático: por el entorno, los padres y nosotros mismos. Mis peores recuerdos son siempre de accidentes en los que había niños.
- ¿Ellos tienen prioridad en un accidente grave?
- No, depende de la necesidad asistencial.
- ¿Qué accidente se le ha quedado marcado?
- Uno en la carretera de Urnieta a Andoain, cuando acababa de empezar a trabajar en Emergencias. Iban dos aitonas con sus dos nietos. Fue un cúmulo de mala suerte. Se les reventó la rueda delantera y se fueron contra el pretil, que estaba formado entonces por bases de cemento y un tubo metálico. El hierro estaba roto y entró por debajo hasta el interior del coche. Empaló a uno de los niños que iba en el asiento del copiloto y murió. Los demás resultaron ilesos. Fue una experiencia horrorosa. En otra ocasión, una familia que venía de León por la autopista. Cayeron a la N-I por un terraplén en Añorga. Iban en un todoterreno. Un niño de 5 años murió y los otros tres resultaron graves. Sólo pudimos confirmar las muertes.
- ¿Cómo hace para no llevarse a casa esos momentos tan duros?
- Necesitas tiempo para olvidar esas cosas. Con el paso de los años vas aprendiendo a discriminar lo malo para no llevártelo a casa.
- Seguro que también habrá recuerdos gratos. Alguien que os ha traído unos bombones, vino...
- No creas. No nos conoce nadie. Llegamos, asistimos y nos vamos. Somos Osakidetza pero la gente nos desconoce aunque somos tres ambulancias medicalizadas. Recuerdo a una señora a cuyo marido asistimos en su domicilio y, aunque falleció, me regaló una chaquetilla de bebé porque se enteró de que estaba embarazada. Me hizo mucha ilusión.
- ¿Qué recomienda un médico de emergencias a los conductores?
- Que sean prudentes. Que las normas están para respetarlas. Que hay que estar atento a la carretera y olvidarse de pensar de que 'a mí no me va a pasar'. Cualquier accidente puede suponer pasar de estar en la plenitud a estar muerto o imposibilitado para todo el resto de tu vida.
www.diariovasco.com
«No llevar el cinturón puesto supone casi siempre la muerte o heridas graves», recuerda Zabaleta
La doctora Zabaleta en una ambulancia de emergencias. [DAVID APREA]
EL PERFIL
Arantxa Zabaleta nació en San Sebastián. Estudió Medicina en la UPV. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Casada con un pamplonés, tiene tres hijos, de 11, 9 y casi 4 años. Responsable de una de las ambulancias medicalizadas de Emergencias de Osakidetza donde trabaja desde hace 12 años.
Estamos en unas fechas en las que el regreso multitudinario de vacaciones provoca accidentes de tráfico que pueden resultar trágicos. Pero no sólo para quien los padece, sino también para quien los atiende, como Arantxa Zabaleta, médico de Emergencias de Osakidetza, con sede en el ambulatorio donostiarra de Amara. Doce años lleva acudiendo urgentemente a los siniestros que se producen en las carreteras entre Irun y Zarautz.
- ¿Estadísticamente hay más accidentes que atender en agosto?
- No sé si en agosto, pero sí que en verano hay más accidentes y son más graves. La noche y el exceso de velocidad, más el alcohol, están siempre de por medio.
- ¿Y conductores con otras sustancias?
- Los vemos, pero no intervenimos más que si hubiese una complicación por motivo de esas sustancias.
- ¿En cuántos accidentes ha participado en los que haya habido muertos y heridos graves?
- En muchos, porque llevo trabajando doce años, desde que se creó el servicio de emergencias. Eso que en la zona de Donostia no tenemos tantos accidentes, aunque sí en Gaintxurizketa, porque llegamos hasta Irun y Zarautz. Ha habido bastantes muertos, sí, porque llaman a nuestra ambulancia cuando los accidentes son potencialmente graves.
- Cuando les alertan de un accidente, ¿qué lugar temen más?
- Si es en la autopista es que es grave, por la velocidad fundamentalmente. Pero hace poco nos avisaron desde la carretera que baja de Perurena a Astigarraga por uno mortal. Gaintxurizketa es también un punto negro.
- ¿Se pone aún nerviosa cuando recibe una llamada de emergencia?
- Sí (rotunda). Sobre todo si hay un atropello, porque hay mucha violencia de un coche o una moto frente a una persona indefensa. Nunca sabes lo que te vas a encontrar.
- ¿No?
- No. Tengo siempre miedo a que haya niños de por medio. A todos nosotros nos impresiona mucho. O si es gente joven quien conduce y ves que en un momento ha pasado de estar bien a poder destrozar su vida o a sufrir una lesión irreversible. También sufro si el accidentado ha quedado encerrado entre la chapa: no puedes llegar al paciente y hay que esperar a que los Bomberos lo excarcelen.
- ¿A más aparatosidad, mayor peligro de muerte?
- No, a veces influye la suerte. Además, los coches actuales pueden quedar destrozados pero el accidentado encontrarse bien porque son vehículos muy seguros. No llevar el cinturón puesto supone casi siempre la muerte o heridas graves porque sales despedido.
- ¿Se cumple la máxima de zapatos sueltos en la carretera, muerto seguro?
- Sí, porque supone que el golpe ha sido muy violento y quien ha sido expulsado hasta la calzada no ha podido resistir los golpes.
- ¿Cuál es el protocolo de actuación de la Unidad de Emergencias en un accidente grave?
- Asegurar la actuación, evitar que haya un nuevo accidente o atropello cuando estés atendiendo a un accidentado. La gente que pasa en coche mira al lugar del suceso y... Señalizamos o incluso cruzamos la ambulancia hasta que lleguen la Ertzaintza y los bomberos. Después, comprobar el nivel de consciencia. Si habla nos da mucha información: está consciente y con las vías respiratorias libres. En función de ello, le tranquilizamos y atendemos. Lo angustioso es tener que esperar a que lo liberen de dentro del vehículo.
- ¿Hay una estadística médica de gravedad al ver un accidente: si es un choque frontal, un vuelco, una salida de calzada a un terraplén...?
- No hay estadística. Depende de la suerte. Si es un choque frontal suelo pedir que sea entre dos vehículos similares, no uno potente y otro pequeño.
- ¿Cuándo le dice su ojo clínico que hay víctimas mortales?
- El nivel de consciencia: que no hable, no responda.
- ¿Qué hace en ese caso?
- Extraerlo del vehículo rápidamente e inmovilizarle. Liberamos su vía aérea, con intubación si hace falta, ponerle líquidos, como sueros, mejorar su circulación sanguínea y atender si hay golpes en la cabeza y fracturas. Y luego se traslada.
- ¿Se improvisa mucho?
- Antes igual sí, cuando lo primordial era trasladar al paciente a un centro hospitalario. Ahora primero se le estabiliza: pincharle en el tórax si padece un neumotórax para salvarle la vida posiblemente, o si tiene una lesión abierta se le tapa en condiciones adecuadas. Cuando está en disposición de ser trasladado en las mejores circunstancias, se le evacúa. Siempre, además, al centro más adecuado para evitar nuevos traslados por falta de medios. Normalmente, al Hospital Donostia.
- ¿También hacen terapia psicológica? ¿Tranquilizan al accidentado con palabras?
- Si hay heridos graves no nos da tiempo. Quizá fallemos un poco ahí. Para eso tenemos a los compañeros del Soporte Vital Básico.
- Si hay niños de por medio el problema se agrava...
- Es más dramático: por el entorno, los padres y nosotros mismos. Mis peores recuerdos son siempre de accidentes en los que había niños.
- ¿Ellos tienen prioridad en un accidente grave?
- No, depende de la necesidad asistencial.
- ¿Qué accidente se le ha quedado marcado?
- Uno en la carretera de Urnieta a Andoain, cuando acababa de empezar a trabajar en Emergencias. Iban dos aitonas con sus dos nietos. Fue un cúmulo de mala suerte. Se les reventó la rueda delantera y se fueron contra el pretil, que estaba formado entonces por bases de cemento y un tubo metálico. El hierro estaba roto y entró por debajo hasta el interior del coche. Empaló a uno de los niños que iba en el asiento del copiloto y murió. Los demás resultaron ilesos. Fue una experiencia horrorosa. En otra ocasión, una familia que venía de León por la autopista. Cayeron a la N-I por un terraplén en Añorga. Iban en un todoterreno. Un niño de 5 años murió y los otros tres resultaron graves. Sólo pudimos confirmar las muertes.
- ¿Cómo hace para no llevarse a casa esos momentos tan duros?
- Necesitas tiempo para olvidar esas cosas. Con el paso de los años vas aprendiendo a discriminar lo malo para no llevártelo a casa.
- Seguro que también habrá recuerdos gratos. Alguien que os ha traído unos bombones, vino...
- No creas. No nos conoce nadie. Llegamos, asistimos y nos vamos. Somos Osakidetza pero la gente nos desconoce aunque somos tres ambulancias medicalizadas. Recuerdo a una señora a cuyo marido asistimos en su domicilio y, aunque falleció, me regaló una chaquetilla de bebé porque se enteró de que estaba embarazada. Me hizo mucha ilusión.
- ¿Qué recomienda un médico de emergencias a los conductores?
- Que sean prudentes. Que las normas están para respetarlas. Que hay que estar atento a la carretera y olvidarse de pensar de que 'a mí no me va a pasar'. Cualquier accidente puede suponer pasar de estar en la plenitud a estar muerto o imposibilitado para todo el resto de tu vida.
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