Esta es una obra que retrata la muerte de Jacinto el amante de Apolo, fue pintada por Jean Broc, y está basada en la historia de amor de Jacinto y Apolo de la mitología griega:
Jacinto era el joven hijo de Amiclas, rey de Esparta (y, según antiguas fuentes, su madre era la Musa Clío). Era, pues, un semidios. Su belleza y hermosura hacía palidecer a la de los más hermosos dioses del Olimpo. Apolo, la deidad más hermosa de todas, se enamoró perdidamente del muchacho... y a menudo quedaba con él en el río Eurotas, en Esparta, para pasar el mayor tiempo posible con su joven amado, enseñándole a disparar ora el arco, ora el disco, ora a tocar la cítara (pues el adolescente era especialmente sensible y capacitado para la música -no en vano su madre era Clío-, amén de otras muchas cualidades innatas en él).
«Un día, a la hora de la siesta, el joven Jacinto, queriendo jugar con Apolo, le pidió a éste que se prepararan para el ejercicio, aligerándose de ropa y untándose todo el cuerpo con aceite.
Apolo tira el primero su flecha con tanta destreza y fuerza que se eleva sobre las nubes y retumba al caer sobre la tierra. Jacinto, enajenado por el ardor del juego, pone todo su ímpetu en lanzar la suya. Pero lo hace con tanta torpeza y mala fortuna que el hierro, soltado bruscamente, le va a dar en pleno rostro, haciéndole caer bañado en sangre.
Apolo, palidísimo, acude a auxiliarle, le lava la herida, le aplica hierbas aromáticas para detener la hemorragia y prolongar la vida del muchacho... pero en vano. Ya su alma esta en otro mundo.
"¡Mueres en la flor de la juventud, y he sido yo, amado Jacinto, el culpable por atender a tus ruegos! La muerte te ha tomado entre sus brazos, amado mio... Habiendo muerto por mi propia mano. Y he de pagar el crimen de encontrarme contigo para jugar. Veo la sangre y veo mi mano en ella. ¿Qué puedo hacer para que vivas siempre? ¿Que puedo hacer para seguirte? ¡Mi único consuelo es el pensar que me ha movido el amor inmenso que te tengo! ¡Ojalá pudiera dar mi existencia por la tuya o morir contigo!"
Las lagrimas de Apolo caían enlazándose con los ensangrentados cabellos del muchacho. Hyakinthos muere y su alma viaja al Reino de Hades. El dios se inclina sobre el oído del joven y le susurra.
"En mi corazón vivirás para siempre, pero tu memoria vivirá siempre hermosa entre los hombres".
Y apenas pronunciadas estas palabras, una fragante flor apareció desde la sangre derramada.
"La llamaré Hyakinthos..."
... y en sus pétalos apareció el signo de las letras
"Ay", como señal del dolor que el dios sufría.»
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