Rescate en Calblanque

Respuesta: Rescate en Calblanque

Una pregunta, el helicóptero que se ve en el vídeo, ¿a que cuerpo pertenece? ¿Cuál es su tripulación?

Gracias :grin:
 
Respuesta: Rescate en Calblanque

Una pregunta, el helicóptero que se ve en el vídeo, ¿a que cuerpo pertenece? ¿Cuál es su tripulación?


El helicóptero pertenece a la Consejería de Justicia y Seguridad Ciudadana de la Región de Murcia, está ubicado en la base militar de Alcantarilla, tiene funciones múltiples desde lucha contra incendios, rescate y se ha usado también como helicóptero sanitario.

La tripulación habitual es de piloto y/o mecánico/ operador de grua según las circunstancias, y el resto depende de la misión: brigadistas forestales, rescatadores, ....

Los que aparecen en la foto adjunta son:
Rafael García. Grúa 5 años de servicio 100 rescates
Víctor Díaz. Rescatador 9 años de servicio 25 rescates
Mariano Belmonte. Rescatador 9 años de servicio 30 rescates
Fernando Bermúdez. Piloto 6 años de servicio 40 rescates
https://www.laverdad.es/murcia/v/20120819/region/gladiadores-agua-20120819.html

El mismo helicóptero en este otro rescate:
https://www.e-mergencia.com/foro/f150/112-cobrara-tasa-salidas-imprudencias-29455/#post457846

Un saludo.
 

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La llegada de lo que será un nuevo día de sol y playa esconde, a lo largo de los 258 kilómetros de la costa murciana, dos guiones bien distintos: uno, para los veraneantes, y otro, para los equipos de salvamento que velan por la seguridad de las playas en la Región. Es la eterna lucha entre la imprudencia y los profesionales que se dedican a evitar que luego lleguen las madres mías. Pero, aun así, cada verano se repite a pie de playa la misma película, pese a las 232 personas, las 68 embarcaciones y vehículos de rescate, y los 103 puestos que vigilan 70 playas del litoral murciano. Porque todos los efectivos del Plan Copla se quedan cortos frente al 'virus de la irresponsabilidad'.
Un 'virus' del que no se libran bañistas, buceadores, pescadores ni aficionados a deportes acuáticos. Según los miembros del grupo de rescate aéreo del Consorcio de Extinción de Incendios (CEIS), Protección Civil y el Grupo de Rescate Subacuático, «las imprudencias y la vulneración de la señalización» están detrás del 90% de las intervenciones que se producen en costas, frente al 10% de los accidentes que «no se pueden evitar».
Así se lo indica la experiencia a Mariano Belmonte, tras nueve años de servicio como rescatador del CEIS.«La gente va a la playa para ponerse a prueba. Un chico que practicaba kitesurf terminó estampado contra la estructura de un edificio en La Manga». Justo en este punto de la costa, solo entre las playas de Galúa, Calblanque y Barco Perdido, el personal de salvamento de Protección Civil de Cartagena acumula 1.173 rescates y primeros auxilios, de las 14.710 intervenciones que han llevado a cabo en el litoral cartagenero en lo que va de verano.
Pero, aún así, estos 'gladiadores' del agua no desfallecen en su rutina diaria con el objetivo de cerrar su puesto con un parte de cero heridos. Ese es el objetivo que cada día persigue Carlos Espina, un socorrista de 22 años que en su primer verano de trabajo ya ha tenido seis intervenciones, a pesar de que cada día sigue una rutina espartana realizando, junto a sus compañeros de puesto, dieciséis rondas de vigilancia por la orilla. Estas rondas están reforzadas por la vigilancia aérea de los socorristas que, en solitario, otean la costa y el mar con sus prismáticos en turnos de 45 minutos y subidos en torres que superan los diez metros de altura.
«Al llegar a las once de la mañana, lo primero que hacemos es medir la fuerza del viento y la altura de las olas, nos metemos en el agua para comprobar en nuestra piel cómo está el baño, y nos dejamos llevar por la corriente para saber qué ocurriría con niños y mayores», explica Espina. Lo hace en alusión a dos de los principales colectivos de riesgo en playas, junto a los que consumen alcohol.
Esta rutina la desarrollan de forma sistemática los 24 puestos que vigilan 101,2 kilómetros de litoral de Cartagena. Es el requisito imprescindible, antes de izar el color de la bandera que marcará la jornada de baño conforme a la Escala Douglas: color verde, para mar en calma con olas por debajo de los 20 centímetros de altura y tres nudos de viento; amarillo, para la marejada con olas de más de medio metro y viento de hasta 16 nudos y, color rojo, para las olas superiores al metro y veinticinco centímetros y vientos de más de 17 nudos.
«Si hay color amarillo, balizamos la costa con carteles, sectorizando la playa para indicar dónde está prohibido el baño y así los bañistas no se ven tan perjudicados por el mal tiempo», detalla el jefe de operaciones de Protección Civil en Cartagena, José Navarro. Pero el balizamiento no es inmune al 'virus de la imprudencia', que el 17 de julio acabó con la vida de un padre de familia.
En peligro muchas vidas
Ese día reinaba el color amarillo en Calblanque, pero este hombre de 44 años, junto a cinco jóvenes de entre ocho y catorce años, decidió bañarse en una zona sin vigilancia y de difícil acceso. Ahí empezaron sus problemas, porque un rescate dentro del radio de acción del puesto de salvamento se produce en cinco minutos, pero fuera de este área de influencia, el tiempo se eleva a 15 minutos como mínimo, y sin olvidar los costes económicos, ya que en Calblanque hay que añadir los malos accesos a sus calas, a las que solo se puede llegar por aire o a través del agua.
De forma que la aventura de estos bañistas terminó en Cala Dorada, con costes humanos y económicos. Protección Civil movilizó una moto acuática (41 euros) con su correspondiente patrón, 7 euros la hora; una lancha de salvamento, 65 euros la hora; dos socorristas acuáticos, 7 euros por hora; el helicóptero del CEIS con base en Alcantarilla, 3.034 euros por hacer que despegue, además de 354 euros por hora, y un equipo de rescatadores a 97 euros la hora. Eso fue el precio que tuvo que asumir la Comunidad Autónoma, pero sin duda el mayor coste fue la pérdida de una vida. Este hombre falleció tras sacar de las olas a los jóvenes, entre los que se encontraba su hijo, que presenció cómo fallecía su padre.
El cansancio y los golpes que recibió contra las rocas pizarrosas de Cala Dorada hicieron el resto para arrebatarle la vida. Pero la agonía no terminó ahí, porque los profesionales se jugaron el tipo para sacar el cadáver; tanto, que uno de los golpes de mar tiró de la moto al patrón, quien tuvo que ser rescatado por aire por el CEIS. En cuanto a la moto, terminó destrozada contra el acantilado, lo que sumó otros 22.000 euros a la cuenta de esta intervención, que no logró evitar una trágica muerte por imprudencia.
Pero las conductas irresponsables no solo se producen en la superficie acuática, también bajo el mar. «En la Región, los buceadores rozan el límite y no se hace caso a la normativa de la pesca submarina», se lamenta José Moya, coordinador del Grupo de Rescate Subacuático.
«Siempre hay un muerto»
Después de 12 años de servicio, José Moya está curado de espanto: «Cuando nos llaman, siempre hay un muerto. Lo tienes asumido, ya no hay posibilidades de rescate». El motivo suele ser el mismo 'virus de la irresponsabilidad' que puede afectar a algunos bañistas. «La gente hace pesca submarina y va sola, pero deben ir dos personas. Mientras una baja, la otra se recupera en la superficie».
Otra de las principales causas que constituye un caldo de cultivo para el fallecimiento en el medio submarino «son las inmersiones rápidas, que pueden provocar una falta de oxígeno en el cerebro». Sin olvidar la denominada 'enfermedad de los buzos', una embolia gaseosa. Aunque el espeleobuceo es el que atesora la mayor leyenda negra para los buzos de la Región: la Cueva del Agua de Isla Plana, un laberinto que ya se ha cobrado la vida, entre otros, de dos especialistas de la Guardia Civil, el teniente Naranjo y su compañero Antonio Sánchez, en 1996, y del submarinista deportivo Antonio Pedro Martínez Ardiz, en 2010. En este tipo de rescates «resulta crucial planificar la inmersión y trazar una ruta con el cable-guía». A lo que se suman los elevados costes de estas intervenciones, ya que cada buzo, sin contar los demás medios de apoyo, cobra un mínimo de 9 euros la hora por rescates que se pueden prolongar semanas. Es el caso de los dos agentes de la Benemérita, cuyos cadáveres fueron recuperados de la Cueva del Agua 35 días después.
En lo que va de año, el Grupo de Rescate Subacuático ha recuperado tres cuerpos sin vida en el pantano de Mula, en el canal del trasvase y en la playa de Águilas. Más allá de las leyendas negras y al margen de las conductas temerarias de los usuarios, los rescates también están relacionados con las características de las playas.
Una costa que da a mar abierto favorece el oleaje. El viento de Levante es mal compañero para La Manga, y el de Lebeche, para Mazarrón y Águilas, donde en solo dos semanas llegaron a rescatar a 33 bañistas. Nunca está de más recordar que cuando se produce una corriente de retorno que lleva al bañista mar adentro, lo mejor es dejarse llevar por la corriente para no cansarse y, tras recuperar la calma, comenzar a nadar lateralmente hasta la llegada de salvamento, que hasta ahora ya ha realizado 34.473 intervenciones en las costas de la Región, de las cuales, 14 han sido por síndromes de inmersión y cuatro de ellos con resultado de muerte.
Quizá por ello, Protección Civil, bomberos y el grupo subacuático coinciden en la necesidad de «fijar multas» para tocar el bolsillo, en vez de tocar el corazón de aquellas familias que pierden a sus seres queridos en la playa por culpa de una imprudencia.
Gladiadores del agua. La Verdad
 
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Os dejo enlace a un vídeo-reportaje publicado en el medio de prensa "LA VERDAD", sobre los medios y protocolos de trabajo de la Agrupación Municipal de Voluntarios de Protección Civil del Ayuntamiento de Cartagena (Murcia), en el dispositivo de rescate y salvamento en playas (Plan COPLA)

Gladiadores del agua - Canal de Vdeos de laverdad.es
 
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No me entero mucho, a quien rescatan , al patron de la moto que lleva camilla?era de rescate o particular?
 
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La moto y su camilla es de Proteccion Civil de Cartagena. El rescatado, no estoy seguro, pero me temo que es un componente de la dotación.
 
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El rescatado, no estoy seguro, pero me temo que es un componente de la dotación.


Creo que sucedió durante el rescate de unos bañistas:

Los socorristas de Calblanque se recuperan de sus lesiones
Sacaron del agua a dos hombres, que tenían dificultades para salir del mar; uno de ellos falleció y dos de los socorristas sufrieron contusiones y magulladuras

Jueves 09 Agosto 2012
Los dos socorristas que sufrieron lesiones durante el rescate de dos personas ayer en Calblanque se recuperan de sus heridas, según ha informado Mariano García Asensio, Concejal de Seguridad.

El edil ha contactado con ellos esta mañana para interesarse por su estado de salud y agradecerles los esfuerzos que realizaron ayer para rescatar a un hombre y su hijo cuando tenían problemas para salir del agua en la playa larga de Calblanque.

Mariano García ha querido mostrarles el agradecimiento de todos porque sabemos que no lo están pasando bien porque, a pesar de todos sus esfuerzos, el hombre falleció una vez rescatado.

El rescate lo realizaron Alberto Garberi Tardon, Juan Carceles Pastor, George Razvan Stroe, Francisco Jose Garcia Franco, tanto desde tierra como con moto acuática. Durante el rescate Francisco Jose Garcia Franco sufrió magulladuras en el costado y le tuvieron que dar unos puntos en la barbilla. Mientras que George Razvan Stroe sufrió una contusión en la zona de las costillas.

Los hechos ocurrieron ayer, miércoles, al mediodía en la playa Larga de Calblanque.

Los socorristas se adentraron en el mar al darse cuenta de que dos hombres, uno de unos 57 años y otro de 17, tenían dificultades para salir del agua.

Uno de ellos entró en parada cardiorespiratoria cuando llegó a tierra, por lo que los socorristas comenzaron a reanimarle, pero pese a los esfuerzos de éstos y del personal sanitario de un vehículo de intervención rápida que se trasladó a l zona, no pudieron salvarle la vida.
Ayuntamiento de Cartagena
 
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Al hilo del tema, un articulo sobre el equipo de rescate:

Viviendo a 74 metros de altura
El grupo aéreo de rescate atiende todo el año las urgencias en la montaña y en el litoral murciano

29.08.12 - 00:59 - J. G. BADÍA | ALCANTARILLA.


20 rescates en 2011. Cinco en montaña, siete en costa, dos en embalses y seis en otras circunstancias.

6 salvamentos en 2012. Tres en montaña, dos en zonas costeras y uno en un embalse.

Trabajan del orto al ocaso. Desde el amanecer hasta el anochecer, y en la mayoría de los casos lo hacen, como mínimo, a 74 metros de altura, que es la distancia que mide el cable guía del helicóptero del que descienden los miembros del grupo de rescate aéreo del Consorcio de Extinción de Incendios (CEIS), para la búsqueda y auxilio de personas en zonas montañosas, en tierra firme o en el mar. No importa el sitio, solo tienen una premisa en cada emergencia: deben estar en el aire en un tiempo máximo de diez minutos porque cuando se marcha el sol ya no pueden seguir trabajando.

Este grupo, compuesto por veinte rescatadores, un mando y un sargento, con sede en la Base Aérea de Alcantarilla en lo que va de año ha practicado seis rescates: 3 en montaña, 2 en zonas costeras de difícil acceso, y uno en un embalse. Una cifra muy por debajo de las veinte intervenciones de 2011, pero que no evita que en cada rescate se sigan jugando la vida en las sierras de Ascoy o Espuña, y en calas y playas de Calblanque, Calnegre y Calabardina.
«Vamos allí donde no puede entrar nadie, es un trabajo de precisión», resume Fernando Bermúdez, piloto del helicóptero (modelo Bell-412) y de cuyo pulso al volante depende la vida del 'grúa' y de los dos rescatadores (R1 y R2) que viajan con él en cada intervención, y que a la postre se dejarán caer a través de los 74 metros útiles que tiene el cable guía.

«A veces tenemos que hacer pasar el gancho por un hueco de cincuenta centímetros para que llegue a la mano del rescatador». Es ahí cuando el pulso de Fernando resulta vital para lograr un estacionario alto ('Hover'), una maniobra consistente en mantener los 1.600 caballos de potencia del helicóptero sobre la zona donde se encuentra el accidentado, a pesar de las rachas de viento.

Una vez estabilizado el Bell-412 sobre el objetivo, el grúa Rafael García debe evitar el efecto péndulo del cable, dependiendo de los metros y de las condiciones climatológicas. Cuando la intervención se desarrolla en zona montañosa, el helicóptero debe alejarse de cualquier conexión con un punto fijo para evitar accidentes, por lo que la aeronave deja al rescatador en algún punto de la sierra o de la pared montañosa y se marcha. Los 380 metros de altura de las Paredes de Leyva, en Sierra Espuña, un paraje muy frecuentada por escaladores, es uno de los más complicados. En el caso de las zonas de costa, el Bell-412 no puede bajar demasiado porque con las aspas de la aeronave podrían levantar oleaje y perjudicar a la víctima.
«Nos jugamos la vida»

Una vez que el cable ha llegado al rescatador, y éste estabiliza al herido, llega el momento más crítico de toda intervención: «El peso del helicóptero está desplazado, uno de los dos motores asume más carga y el centro de gravedad varía», subraya el piloto Fernando Bermúdez. Deben hilar muy fino para que rescatador y herido regresen sin problemas al helicóptero.

Esta arriesgada rutina de trabajo, en tierra o mar, casi siempre la deben hacer «por un problema de civismo. Nos ponemos en peligro por culpa de que la gente no atiende a nada», lamenta Víctor Díaz (R 1), rescatador acostumbrado a dejarse caer desde las alturas desde hace nueve años. Éste argumento también lo comparte el 'grúa' Rafael García, quien zanja que «sus desgracias justifican nuestro trabajo». Aunque a veces podrían evitarse las intervenciones de este grupo de rescate aéreo, a tenor de algunos de los ejemplos que pone el rescatador (R 2), Mariano Belmonte: «Una vez tuvimos que rescatar a un tipo que escaló la montaña en chanclas. Dos hermanos hicieron el descenso del cañón de Almadenes, sin casco ni chalecos y terminaron agarrados a un tronco».

Pero a pesar de las imprudencias que a veces deben subsanar, no pueden llegar tensos a la zona del accidentado, casi que deben hacerlo con una sonrisa: «Un americano se cayó en Cabo Cope por un acantilado y tenía la tibia fuera, cuando encuentras a una persona herida no puedes poner caras ni decirle que está mal. Le dices 'tranquilo, todo irá bien'». Esa faceta de psicólogo es la que ejerce Mariano con los heridos antes de colocarles el arnés y subir con ellos al helicóptero. «Eso cuando están vivos, porque cuando llegas y están muertos, te quedas tocado». Justo por eso, deben estar listos para todo y cada año realizan cuatro prácticas en montaña y en el mar con 'Manolo', un muñeco de 90 kilos de peso con el que se ponen a prueba porque cuando se trabaja en las alturas lo más importante no es saber bajar, sino regresar vivo a la base.


Rescate en Calblanque


Rafael, Víctor, Mariano y Fernando en la base de Alcantarilla.



¡Aupa chicos! ;)
 
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