tanidya
e-mergencista experimentado
Una correcta formación es imprescindible para evitar los percances durante la inmersión. Son pocos los accidentes que conlleva la práctica de buceo, aunque muchos de ellos son graves y en torno al 10% son mortales. No obstante, es difícil calcular estas cifras ya que en España no existe un registro de lesiones o muertes debidas al buceo.
La causa principal de muerte es el ahogamiento. Sin embargo, éste es el desenlace final de un problema que ha ocurrido minutos antes. Según el doctor Jordi Desolá, especialista en medicina hiperbárica y director de la Unidad de Tratamiento Hiperbárico del Centro de Recuperación e Investigaciones Submarinas (CRIS) de Barcelona, se estima que cada año se producen en España entre 100 y 150 accidentes en esta práctica deportiva. En el 10% de ellos el buceador muere.
El número de accidentes es bajo si se tiene en cuenta la cantidad de personas que practican el buceo en el litoral español. Tan sólo en aguas mallorquinas cada año se llevan a cabo entre 250.000 y 300.000 inmersiones, según un estudio llevado a cabo por Joan Miquel Batle, director de MEDISUB, Instituto de Investigación Hiperbárica de Baleares.
En el buceo no es frecuente sufrir un accidente. Normalmente, cuando producen es debido a la imprudencia del buceador. Hay varios tipos de incidentes en función de si la causa está relacionada por las características del medio acuático o si está originada por los cambios de presión ambiental: desde una hipotermia (la pérdida de calor corporal en el agua es 25 veces mayor que en el ambiente terrestre) hasta un daño pulmonar, pasando por un estallido del tímpano o un traumatismo. La mayoría de estos problemas, si no se tratan a tiempo, pueden ocasionar lesiones muy graves como hemiplejia o episodios convulsivos.
Los accidentes disbáricos, los que se relacionan con el cambio de presión, pueden producirse por hacer inmersiones con mucha frecuencia sin respetar los periodos de descanso, porque el buzo no lleve una respiración adecuada durante el ascenso o bien porque exista un problema de salud previo.
La causa principal de muerte es el ahogamiento. Sin embargo, éste es el desenlace final de un problema que ha ocurrido minutos antes. Según el doctor Jordi Desolá, especialista en medicina hiperbárica y director de la Unidad de Tratamiento Hiperbárico del Centro de Recuperación e Investigaciones Submarinas (CRIS) de Barcelona, se estima que cada año se producen en España entre 100 y 150 accidentes en esta práctica deportiva. En el 10% de ellos el buceador muere.
El número de accidentes es bajo si se tiene en cuenta la cantidad de personas que practican el buceo en el litoral español. Tan sólo en aguas mallorquinas cada año se llevan a cabo entre 250.000 y 300.000 inmersiones, según un estudio llevado a cabo por Joan Miquel Batle, director de MEDISUB, Instituto de Investigación Hiperbárica de Baleares.
En el buceo no es frecuente sufrir un accidente. Normalmente, cuando producen es debido a la imprudencia del buceador. Hay varios tipos de incidentes en función de si la causa está relacionada por las características del medio acuático o si está originada por los cambios de presión ambiental: desde una hipotermia (la pérdida de calor corporal en el agua es 25 veces mayor que en el ambiente terrestre) hasta un daño pulmonar, pasando por un estallido del tímpano o un traumatismo. La mayoría de estos problemas, si no se tratan a tiempo, pueden ocasionar lesiones muy graves como hemiplejia o episodios convulsivos.
Los accidentes disbáricos, los que se relacionan con el cambio de presión, pueden producirse por hacer inmersiones con mucha frecuencia sin respetar los periodos de descanso, porque el buzo no lleve una respiración adecuada durante el ascenso o bien porque exista un problema de salud previo.