Cruces (Bizkaia) rechaza el ingreso de un motorista herido grave que acabó en la UCI de Valdecilla (

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240pirata

e-mergencista activo
ELFO dijo:
Señores, una cosa tiene que quedar clara: cuando comentamos una noticia en el foro, lo hacemos en base a los datos que nos aporta la noticia. Si alguien tiene más datos o desmiente los ya expuestos pues, estupendo, se rectifica si hay que rectificar y se sigue el topic teniendo en cuenta los nuevos datos aportados. Por tanto, nadie tiene que enfadarse si lo que dice una noticia en un principio es mentira y estamos discutiendo unos hechos mal redactados. En este caso, lo que se hace es lo dicho, se exponen los nuevos datos y, el que quiera, vuelve a opinar teniendo en cuenta estos.
Tranquilidad y un saludo. :wink:
Totalmente de acuerdo.
Como habeis podido comprobar, la conclusión y opinión subjetiva del asunto, la he dado tras recabar toda la información que me ha sido posible (podía haber opinado antes y he preferido esperar) y no me he conformado únicamente con la información publicada en diferentes medios de comunicación.
También diré que 1 hora después de lo sucedido, ya tenía conocimiento del hecho.
 

Puntito_Amarillo

e-mergencista experimentado
«Recuerdo que mi camilla estorbaba en Urgencias»
El motorista de Castro cuyo ingreso rechazó Cruces y que acabó en la UCI de Valdecilla explica cómo vivió la odisea

AINHOA DE LAS HERAS/CASTRO URDIALES


Ha pasado un mes desde que Eduardo Castañondo, vecino de Otañes (Castro Urdiales) de 31 años, sufrió un accidente de moto y terminó en la UCI de Valdecilla después de que Cruces rechazara su ingreso al considerar que su estado no revestía gravedad. Estuvo siete días hospitalizado con dos coágulos de sangre en la cabeza y cuatro costillas rotas, que le perforaron el pulmón derecho. Aún hoy sigue de baja, aunque algunos días se da «una vueltilla» por su empresa de construcción. Los médicos le recomiendan «reposo» para los próximos meses. «Espero que no me queden secuelas».




CONVALECIENTE. Eduardo regresa a la pista donde sufrió el accidente de moto, en Mioño (Castro Urdiales). / FERNANDO GÓMEZ

Las heridas no le dolieron tanto como el trato que tuvieron que soportar estoicamente sus familiares, especialmente su hermano. «Al fin y al cabo yo casi ni me enteré, tenía continuas pérdidas de conciencia, pero supongo que para mi hermano fue duro escuchar 'Sacad fuera esta camilla que me está estorbando'», explica en plena convalecencia. «Hasta ahora nadie me ha llamado para pedir disculpas, ni siquiera lo han hecho públicamente», se queja. «Si dos coágulos de sangre, un hemoneumotórax, cuatro costillas rotas y una luxación de hombro no son graves, entonces no sé en qué estado tienes que llegar a Cruces para que te atiendan a la primera. ¿O es que creen que en la UCI de Valdecilla les sobraban camas y por eso me ingresaron?»

El casco, «destrozado»

El accidente se produjo sobre las ocho y media de la tarde del pasado martes día 25 de mayo en el Alto de la Cruz, Mioño (Castro Urdiales). Eduardo realizaba la tercera manga de su entrenamiento para el campeonato de España de motocross en una pista privada. Dos «amiguetes» le habían acompañado para ver sus evoluciones (el año pasado quedó subcampeón de Castilla y León), y eso le salvó la vida.

«En uno de los saltos hacia arriba, caí de cabeza», recuerda vagamente. El golpe debió de ser considerable, porque el «casco estaba destrozado y el peto de protección, roto». «Quedé inconsciente, boca abajo, me costaba respirar y empecé a convulsionar. Uno de mis amigos me sacó la lengua de la boca. Tuve suerte porque suelo entrenar solo», dice.

Los acompañantes avisaron a los servicios de emergencia y a un hermano de Eduardo, Juan, que «vive a 500 metros y no tardó ni dos minutos en llegar». Su memoria ha borrado algunos momentos, pero le han contado que empezó «a divagar» y se puso «violento». Un año y medio antes, en febrero de 2004, el joven había sufrido otro accidente de coche, por el que estuvo varios días en coma. Su hermano, que fue con él en la ambulancia, temía los efectos de otro golpe en la cabeza.

Un equipo de la DYA, compuesto por un facultativo, un auxiliar y el conductor, rescató al herido. Llegaron a la puerta de Cruces a las 22.35 horas. «No me quitaron ni la ropa de moto. Hubiera entendido que me auscultaran y decidieran mandarme a otro hospital porque no estaba grave, pero ¿sin quitarme ni siquiera la camiseta y saltándose el diagnóstico previo del médico de la DYA, que por cierto resultó muy acertado?».

Eduardo recuerda sólo algunas escenas en el pasillo de Urgencias. «Escuché cómo alguien decía: 'Sacadle fuera que me está estorbando», y que había «una discusión entre los de la DYA y los celadores y médicos de Cruces que decían que no podían atenderme». Finalmente, al cabo de una «media hora», la ambulancia se dirigió con el paciente al hospital de referencia, Laredo. En el camino, sufrió «un deterioro del nivel de conciencia y una crisis convulsiva», señala el informe clínico emitido por el hospital universitario Marques de Valdecilla de Santander.

«No podía ni respirar»

Debido a la gravedad de su estado y a que en Laredo no disponen de Unidad de Neurología para someterle a una posible intervención, fue derivado a Valdecilla, donde «ingresé a la una y media de la madrugada», cinco horas después de la caída, según sus cálculos. Cuando empezó a ser consciente de dónde se encontraba, «al cabo de tres días, tenía un tubo de drenaje en un costado y una vía de suero -el oxígeno ya me lo habían retirado-, y unos dolores tremendos. No podía ni respirar y al toser veía las estrellas».

Eduardo y su familia -su mujer está embarazada de seis meses- estudian con sus abogados la posibilidad de denunciar a Osakidetza. «Siempre he pensado que la decisión vino de más arriba. No me creo que ningún médico decida no atender a un paciente porque el hospital está saturado. No quiero que le vuelva a pasar a nadie, y sobre todo no quiero que mi mujer, que es de Bilbao, o mi hijo cuando nazca puedan ser rechazados en un hospital».

Para colmo, el joven acaba de recibir una carta del hospital de Cruces en el que le piden información sobre el vehículo que conducía cuando se accidentó para pasarle «la factura». «¿Me van a cobrar la charla con el celador?», ironiza. «Si me hubiera llamado el médico para preguntar: 'Hola Edu, ¿qué tal estás?, igual me aceleré al evaluar tu estado, pero había tenido un mal día'. Con eso hubiera sido suficiente, porque todos nos podemos equivocar, ¿no?».

noticia original en:
http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/pg050624/prensa/noticias/Otros/200506/24/VIZ-OTR-027.html
 
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