Crece la demanda médica para dejar el cannabis
• Tras 15 o 20 años de consumo, muchos adictos reconocen que la droga les condiciona la vida
• Los porros provocan crisis de pánico, pérdida de memoria y falta de interés por cualquier actividad
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ÀNGELS GALLARDO
BARCELONA
Como ocurrió con el tabaco, a medida que se generaliza el consumo cotidiano de cannabis en colectivos de adolescentes y jóvenes catalanes, aumenta el abandono de esta droga entre los consumidores de larga trayectoria. Tras 15 o 20 años de adicción, muchos de ellos han empezado a pedir ayuda médica para deshabituarse de una sustancia que, reconocen, les provoca importantes secuelas. El cannabis es, junto con la cocaína, la sustancia que mantiene una creciente demanda de tratamiento en la Unidad de Conductas Adictivas del Hospital de Sant Pau, de Barcelona, una de las más activas de Catalunya en la atención de las toxicomanías.
Pérdida de memoria y de capacidad de concentración o atención, además de una característica falta de iniciativa, ímpetu e interés por emprender cualquier actividad social, laboral o educativa, son algunas de las consecuencias que relatan quienes fuman más de tres porros diarios de marihuana. Estos signos se perciben tras pocos meses de consumo, y son la consecuencia de muchos abandonos escolares si el fumador ronda los 14 años, asegura el psiquiatra José Pérez de los Cobos, responsable de toxicomanías en el Hospital de Sant Pau.
DEPRESIÓN Y TAQUICARDIA A
esos síntomas, que, tras años de consumo, pueden llegar a confundirse con la personalidad o el carácter de la persona adicta, se puede sumar una depresión leve pero constante y episodios de arritmia o taquicardia, además de problemas para respirar.
"Muchos se deciden a cortar con el cannabis cuando sufren una crisis de pánico o de ansiedad, que son frecuentes en los habituados a esta sustancia --afirma De los Cobos--. La mayoría de los que han iniciado tratamiento tienen más de 40 años y empezaron a consumir hace 15, 20 o más. Algunos relatan que, según la época, han llegado a fumar hasta veinte porros al día".
A diferencia del adicto a la heroína, a la cocaína o al alcohol, que acceden a desintoxicarse porque su deterioro físico se convierte en una amenaza, tras una sobredosis o empujado por su familia, el consumidor de cannabis busca ayuda por su propia decisión racional, explica el médico. "Es un nuevo perfil de solicitante --afirma De los Cobos--. Nos relatan, tranquilamente, cómo el cannabis ha sido cada vez más importante en sus vidas y cómo les ha marcado en su trayectoria personal y laboral. Entonces reconocen que tal vez les iría mejor si lo dejan".
No obstante, añade, es muy habitual que quien consume cannabis también mantenga una adicción a la cocaína y al alcohol.
SIN FÁRMACOS
La adicción física al cannabis no puede tratarse con fármacos, ya que no existe ninguno que sea específico y adecuado. Las terapias de deshabituación son exclusivamente psicológicas, aunque sí que se puede atenuar la ansiedad que suele aparecer tras cortar con los porros. Como ocurre con todas las adicciones, los médicos no consideran eliminado el problema hasta que el consumidor ha estado un año en completa abstinencia.
"Me asusta esa corriente de opinión, muy extendida, que dice que el cannabis es una sustancia inocua cuyo consumo no tiene ningún riesgo", alerta De los Cobos. Ese mensaje está cada vez más extendido entre los españoles de 14 a 18 años. Una encuesta realizada el pasado julio por el Plan Nacional sobre Drogas reveló que un 63% de los jóvenes de esas edades que consumen porros no perciben riesgo en ese hábito.
"Esa actitud es muy preocupante ya que, según recientes estudios, el cannabis puede provocar psicosis en personas jóvenes --asegura el psiquiatra--. Hasta hace poco, se pensaba que ese riesgo era puntual, pero se ha visto que no sólo da lugar a brotes psicóticos esporádicos".
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