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La caída de un hombre a la mar en la zona de la escalera La Cantábrica de la playa de San Lorenzo originó anoche un impresionante dispositivo de rescate en la bahía del principal arenal de la ciudad, con cientos de personas observándolo todo a pie del Muro y desde las ventanas de los edificios, mientras la formidable y atronadora estampa del helicóptero de Salvamento Marítimo repasaba una y otra vez la zona comprendida, fundamentalmente, entre la escalera cero y la Escalerona, a la busca del hombre.
La alarma la dio un testigo a las once menos veinticinco de la noche. Al parecer, un hombre de entre 25 y 35 años habría bajado por la escalera La Cantábrica (otras versiones hablan de la contigua escalera número 1) y se habría caído al agua, bien a causa de un golpe de mar, bien por propia voluntad.
Según uno de los testigos, el hombre había hecho una llamada telefónica momentos antes de bajar por la escalera, cuando vino una gran ola. A continuación, «le vimos en el agua, sin abrir la boca para pedir ayuda y con la mirada perdida. Llamamos al 112 y la policía vino en cinco minutos, pero durante ese tiempo el hombre fue arrastrado por el mar, golpeándose contra las rocas y finalmente quedó flotando boca abajo. Poco a poco lo fuimos perdiendo de vista».
De inmediato se presentaron en la zona la práctica totalidad de las patrullas disponibles en la ciudad tanto de la Policía Local como del Cuerpo Nacional de Policía, así como los Bomberos de Gijón y el helicóptero de Salvamento Marítimo.
En un primer momento, se avistaron algunos bultos en el agua y dos bomberos, provistos de gruesos trajes amarillos de neopreno, se adentraron en las gélidas aguas para recuperarlos, con la esperanza de encontrar al hombre a la vez, pero no hallaron más que un zapato, una mochila y una manta de lana multicolor que durante un buen rato estuvo tirada en la salida a la calle de la escalera dos como un recordatorio de que en el agua estaba aún su dueño.
El embate de las olas era tremendo, con crestas de hasta cinco metros. De hecho, los policías procedieron poco a poco a acordonar la zona del Muro más para proteger a los cientos de curiosos de la fuerza de la mar y evitar nuevos accidentes que por facilitar su labor de rescate. Esa fuerza hacía presagiar lo peor a todos los presentes, porque parecía imposible que nadie sobreviviese ni a la baja temperatura del agua, ni a los demoledores golpes de mar.
La búsqueda seguía, cada vez con más ansiedad y menos esperanza por parte de todos los componentes del operativo, que poco podían hacer más que observar la zona de mar que iluminaban el helicóptero y los focos de los dos camiones de bomberos, dado que la marea estaba alta y las olas impactaban contra el Muro.
Falsa alarma
Hacia las doce menos cuarto de la noche, una chica creyó ver el cuerpo del hombre entre las olas, y por un momento la expectación creció como un reguero de pólvora. Pero fue una falsa alarma que coincidió con el momento en el que el helicóptero se había ido más hacia el Este, hacia la escalera ocho o nueve.
A esa hora comenzó a remitir ligeramente la fuerza de la mar (la pleamar había sido a las 22.13), de forma que parte del arenal iba quedando fuera del agua. Varios agentes y bomberos bajaron a la arena para revisar toda la zona entre la escalerona y la escalera dos, con sumo cuidado, porque la mar seguía brava.
Pasadas las doce y media de la noche, el helicóptero dio una última batida por toda la línea de playa hasta la desembocadura del río Piles, para tomar a continuación altura y atravesar la bahía hacia el Puerto de El Musel.
Mientras tanto, los policías y los bomberos, bajo la coordinación del jefe de dotación de los bomberos, Raúl Nosti, quien en ese momento ostentaba la máxima responsabilidad en el operativo, trataban de decidir cuál sería su continuación durante la noche.
Al final, teniendo en cuenta que lo más probable era ya que el hombre hubiese fallecido ahogado y, por lo tanto, estuviese en el fondo, se decidió mantener un retén de los cuerpos de seguridad en la zona durante la noche y reemprender la búsqueda con la primera luz de esta mañana.
Fuente: elcomerciodigital.com
La alarma la dio un testigo a las once menos veinticinco de la noche. Al parecer, un hombre de entre 25 y 35 años habría bajado por la escalera La Cantábrica (otras versiones hablan de la contigua escalera número 1) y se habría caído al agua, bien a causa de un golpe de mar, bien por propia voluntad.
Según uno de los testigos, el hombre había hecho una llamada telefónica momentos antes de bajar por la escalera, cuando vino una gran ola. A continuación, «le vimos en el agua, sin abrir la boca para pedir ayuda y con la mirada perdida. Llamamos al 112 y la policía vino en cinco minutos, pero durante ese tiempo el hombre fue arrastrado por el mar, golpeándose contra las rocas y finalmente quedó flotando boca abajo. Poco a poco lo fuimos perdiendo de vista».
De inmediato se presentaron en la zona la práctica totalidad de las patrullas disponibles en la ciudad tanto de la Policía Local como del Cuerpo Nacional de Policía, así como los Bomberos de Gijón y el helicóptero de Salvamento Marítimo.
En un primer momento, se avistaron algunos bultos en el agua y dos bomberos, provistos de gruesos trajes amarillos de neopreno, se adentraron en las gélidas aguas para recuperarlos, con la esperanza de encontrar al hombre a la vez, pero no hallaron más que un zapato, una mochila y una manta de lana multicolor que durante un buen rato estuvo tirada en la salida a la calle de la escalera dos como un recordatorio de que en el agua estaba aún su dueño.
El embate de las olas era tremendo, con crestas de hasta cinco metros. De hecho, los policías procedieron poco a poco a acordonar la zona del Muro más para proteger a los cientos de curiosos de la fuerza de la mar y evitar nuevos accidentes que por facilitar su labor de rescate. Esa fuerza hacía presagiar lo peor a todos los presentes, porque parecía imposible que nadie sobreviviese ni a la baja temperatura del agua, ni a los demoledores golpes de mar.
La búsqueda seguía, cada vez con más ansiedad y menos esperanza por parte de todos los componentes del operativo, que poco podían hacer más que observar la zona de mar que iluminaban el helicóptero y los focos de los dos camiones de bomberos, dado que la marea estaba alta y las olas impactaban contra el Muro.
Falsa alarma
Hacia las doce menos cuarto de la noche, una chica creyó ver el cuerpo del hombre entre las olas, y por un momento la expectación creció como un reguero de pólvora. Pero fue una falsa alarma que coincidió con el momento en el que el helicóptero se había ido más hacia el Este, hacia la escalera ocho o nueve.
A esa hora comenzó a remitir ligeramente la fuerza de la mar (la pleamar había sido a las 22.13), de forma que parte del arenal iba quedando fuera del agua. Varios agentes y bomberos bajaron a la arena para revisar toda la zona entre la escalerona y la escalera dos, con sumo cuidado, porque la mar seguía brava.
Pasadas las doce y media de la noche, el helicóptero dio una última batida por toda la línea de playa hasta la desembocadura del río Piles, para tomar a continuación altura y atravesar la bahía hacia el Puerto de El Musel.
Mientras tanto, los policías y los bomberos, bajo la coordinación del jefe de dotación de los bomberos, Raúl Nosti, quien en ese momento ostentaba la máxima responsabilidad en el operativo, trataban de decidir cuál sería su continuación durante la noche.
Al final, teniendo en cuenta que lo más probable era ya que el hombre hubiese fallecido ahogado y, por lo tanto, estuviese en el fondo, se decidió mantener un retén de los cuerpos de seguridad en la zona durante la noche y reemprender la búsqueda con la primera luz de esta mañana.
Fuente: elcomerciodigital.com