PIRINEO
La Guardia Civil detecta 26 zonas peligrosas en el Pirineo entre alta montaña y barrancos
La Cresta de Salenques, en Benasque, se ha convertido este año en una trampa con 4 muertos en apenas un mes.
Fotógrafo: HERALDO
Imagen de uno de los rescates de la Guardia Civil
RUBÉN DARÍO NÚÑEZ. Huesca | En las carreteras, un punto negro es aquel en el que se registran tres o más accidentes con víctimas en un año. Aunque en las montañas no existe este tipo de catalogación, los especialistas en rescates de la Guardia Civil de la provincia de Huesca que se juegan la vida a diario para auxiliar a montañeros también tienen su propia clasificación. Según los datos de los últimos años, el Pirineo aragonés tiene 26 puntos negros entre picos de alta montaña, situados casi todos a más de 2.500 metros y barrancos, especialmente en la Sierra de Guara y en el entorno de Boltaña.
Sin duda, en lo que va de año, la Cresta de Salenques, en Benasque, se ha convertido en una trampa para los montañeros. Las estadísticas así lo demuestran, ya que en el último mes, el GREIM de Benasque ha practicado en esta cresta nada menos que 9 rescates con un balance de cuatro fallecidos.
Los dos últimos montañeros que perdieron la vida en esta ascensión de más de 2,5 kilómetros que comienza a 2.800 metros de altitud y acaba a los 3.404 del Aneto -techo del Pirineo aragonés- fueron Alberto Figueredo, de 33 años, y Pilar Villa, de 29, un matrimonio natural de la localidad segoviana de El Espinar que, pese a su larga experiencia en escaladas difíciles, fueron localizados muertos tras despeñarse 300 y 450 metros, respectivamente.
A pesar de las fatídicas cifras que acumula este 2007 la citada Cresta de Salenques, lo cierto es que el Pirineo está plagado de otros muchos lugares peligrosos que pueden convertirse en agujeros mortales si no se extreman las precauciones en la ascensión. Las trampas, una a una
Los datos recopilados por la Guardia Civil indican que los especialistas del Grupo de Rescates de Boltaña son los que más puntos negros tienen en su ámbito de actuación. Así, en invierno su trabajo se multiplica principalmente en la escupidera de Monte Perdido (Fanlo) y en el conocido como Embudo de Marboré (Bielsa). Mientras, en verano, el principal punto negro también es la zona de Marboré, donde el año pasado hubo tres muertos, además de los barrancos pirenaicos de Miraval (Tella-Sin), Viandico (Fanlo), Las Gloces (Fanlo) y Sorrosal (Broto), aunque estos solo dan problemas en la transición de la primavera al verano cuando llegan las crecidas. Por último, también destacan la Brecha de Rolando y el pico Taillón, ambos en Fanlo.
En el caso del GREIM de Benasque, en invierno su trabajo aumenta especialmente en la zona Aneto-Maladetas mientras que en verano, además de Salenques y del techo del Pirineo, otros dos puntos negros son la Aigüeta de Barbaruens (Seira) y la Cresta de los Portillones (Benasque), donde a lo largo de 2006 perdieron la vida otros tres montañeros.
Ya más hacia el oeste, la EREIM de Panticosa tiene localizados cuatro puntos negros. En invierno, las zonas más conflictivas son el acceso al pico Balaitus y las Crestas del Diablo, ambos en el término municipal de Sallent de Gállego. En verano, y con mucha ventaja, la principal trampa es Peña Telera (Biescas), seguida de la zona de Respomuso-Balaitus.
En la zona de actuación del SEREIM de Jaca, los rescates más comunes en invierno se producen en el pico Aspe (Aísa) y en la zona de Punta Agüerri (Hecho) y Bisaurín (Aragüés del Puerto), donde en los últimos dos años ha habido cinco personas fallecidas. En la época estival, los principales puntos negros con ya los barrancos de Fago (Ansó) y en el de Aguaré (Canfranc), que en 2006 acumularon dos muertos. Además, los especialistas de la Guardia Civil destacan que la zona del ibón de Estanés y Aguas Tuertas (Hecho) "se producen muchas pérdidas debido a la niebla, aunque los accidentes no suelen ser graves por lo general".
Por último, el EREIM de Huesca presta especial atención en invierno al Tozal de Guara (Nocito) y a la sierra de Guara en su conjunto mientras que en verano destacan fundamentalmente los barrancos del Vero (Alquézar) y de Mascún, la Peonera y Balcés, los tres en Bierge.
Según Jesús Aznárez, sargento de la Sección de Montaña de Jaca, estos 26 puntos negros tienen algunas características comunes. "Casi todos los que hemos detectado en invierno son picos de más de 2.500 metros de altitud, lo que se considera alta montaña, mientras que en verano la altura media ya baja debido a la mayor incidencia de los barrancos", afirma.
El mal tiempo influye mucho
Pese a que la masificación que se está notando en los últimos años, lo cierto es que, sobre todo en invierno, el problema de la mayoría de estos puntos negros llega cuando hay condiciones meteorológicas adversas. "Si baja mucho la temperatura y hay temporal, los accidentes suelen ser muy graves y es habitual que incluso haya fallecidos porque la superficie de la montaña se convierte en un auténtico cristal y como no te permite ningún error, un mínimo resbalón te puede hacer 200 ó 300 metros", explica.
Es el caso, por ejemplo, del pico Aspe, de la escupidera de Monte Perdido o los Portillones, "donde con hielo y nieve helada, aunque se lleven crampones se ha dado el caso de que la gente ha caído y ya no ha podido parar".
El último y más reciente ejemplo es el de la Cresta de Salenques. "No es normal que en un mes haya cuatro fallecidos, eso nunca había pasado", subraya Jesús Aznárez. Aunque deja claro que nadie es "culpable" de estas tragedias, sí destaca que todos estos accidentes han coincidido con la publicación en una revista especializada en temas de montañismo de una reseña "muy buena" sobre cómo hacer la Cresta. Y es que aunque es una ascensión no excesivamente difícil, "tiene sus riesgos y hay que estar preparado física y psíquicamente".
A su juicio, este hecho puede haber influido en que este verano se estén viendo hasta seis cordadas por día cuando lo normal era ver solo una o dos. "El otro día fuimos y eso parecía una romería", asegura el sargento de la Sección de Montaña de Jaca.
A todo ello se une el mal estado de la vía de acceso al Aneto. "Está todo muy roto y después de las tormentas y de los cambios de temperatura que ha habido este año, pueden haber hecho que la roca dilate mucho con lo cual se ha resquebrajado más y por eso está habiendo tantos desprendimientos así que como caigas ya no puedes parar", apunta.
1.200 barranquista en el Vero
Pero esta masificación no sólo afecta a la alta montaña. De hecho, es mucho más evidente en los barrancos de la Sierra de Guara. "A lo mejor en el Formiga están entrando 100 personas al día pero es que en el Vero se han llegado a meter hasta 1.200 personas, sobre todo cuando llegan las vacaciones en Francia".
Aznárez es consciente de que es imposible poner barreras a la montaña pero tampoco ve con malos ojos que en los Alpes, por ejemplo, no permitan hacer una actividad sin el material adecuado. "Aquí solo lo hace el Seprona en Guara y quizá algún día llegue a la alta montaña aunque necesitaríamos 2.000 guardias civiles más". Por eso, alaba campañas de concienciación como la de Montañas Seguras. "La pena es que solo funcione en Benasque porque no hay más medios pero ojalá estuvieran también en Monte Perdido, en Bisaurín o en Guara".