DYA A DYA DURANTE 35 AñOS LOS INICIOS, A BASE DE PEDIR FAVORES INSISTENTEMENTE POR SU FUNDADOR EN GIPUZKOA, FUERON LOS CIMIENTOS de una entidad que refleja la solidaridad guipuzcoana
diariovasco, 24-10-2008 22:17
DV. Esta es la historia de la solidaridad cuando las oenegés aún estaban en el limbo social. Es la historia de la DYA, la asociación Detente y Ayuda, nacida a base de voluntarios sacrificados, primero para solucionar los problemas de los automovilistas cuando los talleres estaban cerrados y, por reflejo, de los accidentados en aquellas peligrosas carreteras guipuzcoanas de los primeros años de la década de los 70.
Son los recuerdos emocionados de su fundador en Gipuzkoa, José Antonio Malo, socio número 1, cuya narración llena de color y tonalidades serviría a un extraterrestre para conocer los momentos dramáticos y eufóricos del nacimiento y desarrollo inicial de la DYA. Era el año 1972. Con 19 años, Malo busca su sitio en la vida. Vivía en Arroa. «Un día que venía a Donostia vi un coche R-6 azul matrícula de Bilbao, que circulaba muy despacio. Me puse detrás y le seguí. ¿Por qué? Por las grandes antenas que llevaba y el anagrama gigante de la DYA, de la que yo había oído hablar de su creación en Bilbao». Cuando llega a Añorga, el primer coche para en una callejuela y detrás el Citroën de José Antonio Malo. «Estaba muy mosqueado. Le expliqué que me atraía la idea de crear algo similar en Gipuzkoa».
Se trataba de Rafael Cañada, presidente de la entidad en Vizcaya. «Me invitó a una reunión de la junta directiva de DYA en la Sociedad Bilbaína». Malo llevaba su anagrama de la Asociación Guipuzcoana de Ayuda en Carretera AGAC. «El fundador, José Antonio Usparitza me dijo que mejor me sumaba a su proyecto de la DYA, que ya estaba todo casi hecho, incluso el emblema. Fue como la salvación a mi idea inicial», resume el fundador.
De regreso, pidió una reunión con el gobernador civil, trámite indispensable para crear una asociación en aquellos años. «Me puse hecho un flan», recuerda Malo. Pero no sólo le escuchó sino que pidió que contase con él como su colaborador. Y se puso en marcha.
Nunca mejor dicho, porque se recorrió todas las carreteras y municipios exponiendo su proyecto de crear la DYA en Gipuzkoa. Eran los tiempos que muchos recordarán, en que los traslados de los heridos por accidente de coche se hacían a toda velocidad, tocando el claxon y con un pañuelo blanco asomado en una ventanilla.
Visitas y peticiones
Malo trabajaba como comercial publicitario pero tanto interés puso en crear la DYA en Gipuzkoa que «lo dejé completamente para buscar apoyos, por ejemplo anuncios gratis en El Diario Vasco».
Llegaron los voluntarios y los donativos. Lo que no era por voluntad, iban a pedirlo. Por ejemplo, piezas para repuestos. Entonces los voluntarios salían en sus propios coches a puntos negros de las carreteras para ayudar a los automovilistas en las fechas de vacaciones, festivos y fines de semana.
Malo y sus compañeros se dieron cuenta en seguida de que además había que hacer algo con los heridos por accidente de tráfico. Por eso eligieron el alto de Orio para instalar la primera caseta de auxilio sanitario en el punto negro por excelencia de Gipuzkoa. «Fui tantas veces a pedir ayuda al dueño de Bombas Itur, en Zarautz, que se hartó y en vez de ayudarme compró la caseta entera cuando supo qué era lo que estaba promoviendo: la solidaridad en carretera». Casi 80.000 pesetas de las de entonces. A base de pedir, la amueblaron y acondicionaron. «Casualidades de la vida, meses después su coche, uno grande, americano, se cayó por el barranco en esa zona y yo fui quien acudió a rescatarle a él y a su hijo».
Ambulancias prestadas
Había que adquirir ambulancias, para no depender de la voluntad de las empresas e instituciones que las poseían «como la empresa Alonso o la Residencia Sanitaria», y se las prestaban en los días y noches que no las utilizaban. Un baile benéfico en Arroa, su pueblo, les produjo 17.800 pesetas. Una fortuna. Cogió el dinero y se presentó en casa del abogado José Luis Barrero Garrido, quien aceptó el cargo de tesorero. «Le pedí que además fuera nuestro presidente, y también aceptó». Así se presentó en la Caja de Ahorros Provincial para pedir una ambulancia. «Llevaba el anagrama de DYA y la inscripción Donada por la Caja de Ahorros Provincial. Era estupenda», recuerda el fundador.
Enseguida, la Caja Municipal regaló otra, la segunda, «con otra disposición y no tan manejable». Pero era mejor que nada. La DYA se iba encauzando. Habían pasado cinco años y se cubría más que bien todo lo que se podía.
Llegó el primer local social, en el paseo de Colón de San Sebastián y pronto la primera radio de comunicación entre coches «Se la pedí a Ernesto Montero, de Irun. Le expliqué para qué la quería. Costaba otras 80.000 pesetas. Cuando creía que me iba a dar la mitad o parte le dijo a su escribiente de la oficina que me diera todo el dinero que necesitaba y le firmara un recibo. ¡Casi le abrazo allí mismo de la emoción!» recuerda Malo.
Voluntarios ejemplares
Después se comunicaron los vehículos con la central para mejorar la coordinación de asistencia en accidentes o averías. Cada vez había más voluntarios y se determinó formarles para ofrecer una atención cualificada. Los socios económicos también crecían «y aportaban 200 pesetas anuales que les cobrábamos por recibo». Eran días de una solidaridad absoluta. Los doctores Ricardo Hueso y José Luis Carballo ayudaban. «Prieto, al que le llamamos “el aitona”, porque a sus 91 años sigue colaborando. Como Antonio Uceda». O Manuel Fernández de Landa, procurador de los tribunales, que los fines de semana cogía su coche para ayudar en las carreteras a la DYA.
Colaboró también Agustín Zapiain, el popular Pello Kirten, en festivales benéficos.
Al tercer año la DYA inaugura la delegación de Zestoa, población en la que antes estaba una ambulancia en la gasolinera, y se instaló un puesto en el alto de Etxegarate. El cuarto año el servicio de la asociación ya cubría las 24 horas, recoge la historia oficial.
Tras cinco años de éxito en su gestión, Malo decide dejar la DYA «para ganarme la vida». ¿Volverá Malo a la DYA? «Volveré, pero cuando me jubile. Para dedicarle todo el tiempo que quieran».
Crecimiento y madurez
Durante los siguientes diez años, bajo la presidencia del médico Eduardo Tamayo, DYA Gipuzkoa se profesionaliza. La historia oficial de la DYA señala que se extiende la asistencia a todo el territorio numerosas delegaciones.
También se amplían las unidades, se equipan las primeras unidades de rescate en carretera del país. El número de voluntarios activos pasó de los 350. DYA Gipuzkoa contaba ya con más de 20 ambulancias en servicio permanente. Su centro coordinador y su teléfono de atención de urgencias, el 46.46.22, y el amarillo de los vehículos son su imagen.
DYA Gipuzkoa tiene hoy más de 400 socios voluntarios en activo y 7.000 socios colaboradores que hacen una aportación anual. «Pido a los guipuzcoanos que sigan colaborando con la DYA de corazón», pide José Antonio Malo.
DETALLES
Gente para todo
Equipo: Socorristas, técnicos de rescate (socorristas experimentados, buceadores expertos en escalada y espeleología, especialistas del rescate en carretera...), socorristas acuáticos, médicos, DUE, conductores, socios colaboradores son la columna vertebral de este equipo solidario de Gipuzkoa.
Nuevas tecnologías
Página de internet: Los interesados en más datos pueden ver su página en internet:
https://www.dyagipuzkoa.com/
Primera directiva 1973
Presidente: José Luis Barrero Garrido; vicepresidente: José Antonio Malo. Secretario: Jesús María Calvete. Vocales: Alberto Fernández, José Antonio Medrano, José Julián Pérez, Enrique Gil, Xabier Cabezón, Jesús Fernández y Fermín del Río.
Con nombre y apellido
Agradecimientos: Un repaso rápido de voluntarios, muchos de ellos de primera hora: Manuel Valero, Txema San Aniceto, Maite Ros, Carolina Bailén, Estefanía Álvarez, los hermanos Antonio y Miguel Uceda, José Miguel Gojenola, Jesús María Prieto, Juan Carlos Gamarra, Coro Ansorena, José Luis Ereño, José Ignacio Bastida, Javier Calvete.