El dato fundamental para el diagnóstico es la presencia de una sucesión de complejos QRS anchos (duración superior a 0,11 seg), con una frecuencia mayor de 100 lat/min. La onda T y el segmento ST se oponen, como en las extrasístoles ventriculares, al complejo QRS. En general se trata de un ritmo regular, aunque con pequeñas variaciones en la duración de los ciclos; a veces, la taquicardia es irregular, sobre todo al comienzo y al final de ella. Con frecuencia, la activación ectópica ventricular no atraviesa el nódulo AV y las aurículas se activan normalmente a partir del nódulo sinusal, es decir, existe disociación AV. De esta forma, en el 20% de los casos es posible observar ondas P normales que aparecen en el trazado con independencia del QRS. Con menor frecuencia, la actividad ventricular se propaga en dirección retrógrada a las aurículas, y la onda P sigue regularmente al QRS, en general con un RP prolongado. En el primer caso, la taquicardia puede verse interrumpida en ocasiones por un latido sinusal normal, que ocurre cuando el impulso sinusal normal alcanza la unión AV y el tejido ventricular fuera del período refractario; estos latidos se denominan capturas. Otras veces, por un mecanismo similar, la activación ventricular se efectúa en parte por el foco ectópico y en parte por un impulso supraventricular, en cuyo caso se produce un complejo QRS intermedio entre los latidos sinusales y los propios de la taquicardia ventricular denominados latidos de fusión. Según la morfología de los complejos QRS, las taquicardias ventriculares se dividen en monomórficas, un solo tipo o morfología del QRS, y polimórficas, cuando la morfología del complejo QRS varía. Estas últimas pueden cursar con un intervalo QT normal o prolongado (torsade de pointes). Cuando la frecuencia de la taquicardia es muy elevada, superior a 250 lat/min y el ECG adquiere una morfología sinusoidal, en zigzag, se denomina flúter ventricular. Por su duración, las taquicardias ventriculares se dividen en sostenidas, cuando su duración es superior a 30 seg o requieren cardioversión antes de ese tiempo, y no sostenidas, si su duración es inferior a 30 seg. El diagnóstico diferencial entre la taquicardia ventricular y una taquicardia supraventricular aberrante es a menudo difícil. Los siguientes signos electrocardiográficos sugieren el diagnóstico de taquicardia ventricular:
a) duración del complejo QRS superior 0,14 seg.
b) desviación del eje a la izquierda de –30°.
c) complejos QS, R, rS en todas las derivaciones precordiales.
d) morfología de bloqueo de rama derecha del haz de His con complejos R o RSR’ con R > R’.
e) morfología de bloqueo de rama izquierda con complejos RS en V 1 (R mayor de 30 mseg o inicio R-nadir de la S mayor de 70 mseg).
f) presencia de capturas o latidos de fusión.
g) disociación AV.
Por el contrario, la morfología de bloqueo de rama derecha típico y la respuesta a las maniobras vagales abogan en favor de la taquicardia supraventricular.
En última instancia, los registros intracavitarios o intraesofágicos y el estudio electrofisiológico permiten establecer con certeza el diagnóstico. En caso de no llegar a un diagnóstico concluyente debe tratarse como una taquicardia ventricular.