transplantes cara en Guipuzcoa

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El Hospital Donostia, capacitado para hacer trasplantes de cara
Los cirujanos maxilofaciales están reconstruyendo ahora mandíbulas completas con parte del peroné. Injertan el hueso con el músculo y con los vasos sanguíneos, que se unen mediante microcirugía
MARIO GARCÍA/


SAN SEBASTIÁN. DV. A nadie se le podía haber ocurrido hace unos años que los cirujanos iban a colocar dientes en el peroné. Sí, sí, en el peroné, el hueso que acompaña a la tibia...Y sin embargo, lo están haciendo, y con gran éxito. Pero no en la pierna, claro. Previamente extraen esa pieza ósea de su lugar natural y la adaptan como mandíbula, donde insertan los implantes dentales. Prodigios de la cirugía. Es una técnica que se lleva a cabo en el Hospital Donostia y que no difiere mucho de la que permitió en Francia el primer trasplante de cara de la historia de la medicina.

¿Recuerdan? Isabelle Dinoire, de 38 años, se convirtió en la primera receptora de una donación facial. Todo un hito. ¿Esta operación estaría al alcance de los cirujanos guipuzcoanos que son capaces de poner dientes en el peroné reconvertido en mandíbula? La respuesta es afirmativa.

El Hospital Donostia posee equipo cualificado y medios suficientes como para llevar a cabo una intervención de esa envergadura. La diferencia con el caso francés es que, al tratarse de una donación ajena (trasplante), entrarían en juego nuevos aspectos médicos, entre ellos el inmunitario, el psicológico o el deontológico. Pero desde el punto de vista estrictamente quirúrgico «se podría llevar a cabo, si se diese la circunstancia», reconoce el jefe del Servicio de Cirugía Oral y Maxilofacial del Hospital Donostia, José Antonio Arruti. Asegura que esta cirugía del trasplante facial abre una puerta a la esperanza para un tipo muy específico, y muy excepcional, de paciente. Precisamente por esa excepcionalidad, hasta ahora no se habían planteado la posibilidad de llevar a cabo esta clase de intervenciones en el Hospital Donostia. Nunca se han encontrado con un caso similar ni parecido. De hecho, la paciente francesa es un episodio bien singular, ya que fue su propio perro quien la desfiguró cuando ella se encontraba inconsciente tras ingerir algunas pastillas.

Microcirugía

Arruti tiene la certeza de que su equipo es capaz de llevar a cabo trasplantes de cara porque actualmente está realizando reconstrucciones faciales mediante microcirugía, una especialidad de su servicio cuyo responsable es Francisco Javier Martín. Esta técnica se aplica para la reconstrucción de la cara del paciente que, o bien ha sufrido un grave destrozo por accidente de tráfico, o bien los propios cirujanos han tenido que extirpar una parte de la mandíbula en un paciente oncológico. En una operación que dura más de diez horas, los cirujanos extraen un fragmento del peroné del propio paciente, pero no sólo el hueso, sino también el músculo que lo rodea, los vasos sanguíneos y la piel. Con las técnicas microquirúrgicas, el hueso se adapta a la forma de la mandíbula y se unen venas y arterias para que esos tejidos sigan viviendo, aunque en otra parte del organismo. Y se reconstruye toda la zona destrozada o amputada. La mayoría de estas operaciones se realizan en pacientes oncológicos, con tumores en la boca o en la mandíbula. El equipo de Arruti ha realizado una treintena de estas complicadas intervenciones en dos años, con un ritmo de una cada dos semanas durante los últimos doce meses. Una de las principales complicaciones, según Francisco Javier Martín, es la unión de los vasos sanguíneos, la mayoría de uno y dos milímetros de diámetro, que pueden llegar a obstruirse. Las 48 horas siguientes a la operación son determinantes para conocer el resultado del injerto.

Hasta implantes

Antes de que existieran estas técnicas de microcirugía se colocaba una placa metálica que proporcionaba cierto perfil estético al paciente, pero había que limitar el perímetro de la mutilación. El injerto del peroné permite una mayor resección, lo que concede más capacidad de curación y mejor reconstrucción del área amputada. Y una vez reparada la zona, «hasta podemos colocar implantes en esa nueva mandíbula reconstruida con el peroné», subraya Arruti, «con lo que se consigue una rehabilitación funcional».

Técnicamente, esta cirugía es similar a la que se empleó en el trasplante de cara. Sin embargo, según reconoce Francisco Javier Martín, supone un paso adelante porque permite trabajar en zonas que son muy difíciles de reconstruir con injerto propio, como la nariz o los labios. «Para una persona joven, con grandes expectativas de vida, el trasplante es todo un avance; en caso contrario, este tipo de paciente estaría forzado a utilizar una máscara de por vida», asegura Martín.

Aunque con menos frecuencia que en los casos oncológicos, los cirujanos también acuden a la reconstrucción facial a raíz de las lesiones provocadas por accidentes de tráfico. Según el jefe del servicio, «han disminuido mucho estas lesiones, quizá por el mayor uso del casco o del cinturón de seguridad, pero también es cierto que los casos son ahora más graves; los pacientes llegan politraumatizados, con múltiples fracturas en la cara y cráneo». Dice que en muchos casos prácticamente presentan todos los huesos de la cara fracturados y hay que recomponerlos, como un puzzle, con placas y tornillos. En esta labor interviene también el servicio de neurocirugía, dentro de la unidad de Base de Cráneo, la cual celebrará en junio su congreso anual en San Sebastián. «Normalmente estos graves traumatismos se reconstruyen con buen resultado, especialmente cuando las partes blandas no están demasiado dañadas», señala Arruti. Cada diez días se realiza en el Hospital Donostia una reconstrucción no complicada de los huesos de la cara, y cada mes llega un caso de mayor complejidad. Entre estos últimos, Arruti señala la intervención que hace tres meses llevó a cabo con su equipo. Fue un caso muy excepcional. El paciente era un niño senegalés que llegaba con una unión anormal de los huesos de la cara que le impedía hasta abrir la boca y le era imposible alimentarse por vía oral. «Fracturamos los huesos que estaban soldados, los soltamos y luego hicimos la reconstrucción con los fragmentos», recuerda el jefe del servicio. El resultado tras la operación es que el niño come por la boca y hace una vida normal. Y ya no tiene dificultades respiratorias ni apnea.

Cirugía para dormir mejor

Pero no todo el trabajo de los cirujanos maxilofaciales es de tanta complejidad. Las intervenciones más habituales son las pequeñas cirugías orales: deformidades, alteraciones de los dientes, piezas dentales ectópicas (es decir, fuera de su lugar), enfermedades de los senos maxilares, patología de la boca, glándulas salivares, quistes, deformidades de los maxilares y atrofias. La mayoría son operaciones que no requieren más que anestesia local. Otro tipo de intervención muy habitual, aunque más complicada, es la de corrección de la mandíbula. Generalmente son deformidades de nacimiento, los pacientes presentan dificultades para morder y una intervención corrige el problema satisfactoriamente.

También tiene excelentes resultados la operación para combatir la apnea del sueño. Los cirujanos trabajan junto a neumólogos y otorrinolaringólogos (dentro de la unidad de apnea del sueño). Se trata de hacer un avance de los maxilares para abrir espacio aéreo, lo que supone una mejora «sustancial» para el enfermo con problemas para conciliar el sueño a causa de los ronquidos y de las interrupciones en la respiración.
 
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