Somos Guardias Civiles , no recaudadores de impuestos

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Somos guardias civiles, no recaudadores de impuestos»
La Agrupación de Tráfico intensifica los controles ante los elevados índices de siniestralidad «El factor humano es el causante de la mayoría de los accidentes mortales»
NACHO GONZÁLEZ UCELAY/SANTANDER
El sargento Tomás Revilla y el guardia civil José Antonio Varona posan junto a un vehículo camuflado del Instituto Armado. / SANE

wwww.eldiariomontanes.es 28/11/06

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La Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil custodia las carreteras españolas desde el año 1959. Una misión deprimente en un país que convive con cifras como estas: 4.442 muertos, 21.859 heridos graves (algunos tanto que están deseando morir) y otros 110.950 leves. Son los números del año pasado. De los de este es mejor ni hablar. Al menos en Cantabria, donde el capitán Lorenzo Bárez y sus hombres intentan evitar que la sangría humana -37 muertos ya- sea todavía mayor cuando pasen las Navidades y haya que enfrentarse al balance.
Dos de ellos, el sargento Revilla y el agente Varona, se bajaron la semana pasada de sus motos para subir a un coche camuflado e infiltrar a la prensa en las interioridades del tráfico, que dan conversación para días.
Les han bendecido, les han mal-decido, les han abrazado, les han agredido, les han aplaudido, les han insultado. Bajo un sol de justicia o en una nevada de espanto. Les han hecho acelerar, frenar, caerse, levantarse. Para volver a montar o para tener que dejarlo. Les han hecho reir, llorar, olvidar y recordar que subidos a una moto no hay más verbos que estos tres: Prevenir, auxiliar y denunciar. Por este orden, recalcan, porque «somos guardias civiles, no recaudadores de impuestos».
Acostumbrados a rodar entre 250 y 300 kilómetros diarios, Revilla y Varona -también el resto de sus compañeros de Agrupación- tienen formada ya su propia opinión de lo que sucede en un lugar donde «no hay sitio para todos»: La carretera.
«Los españoles no conducimos ni muy bien ni muy mal, simplemente regular», afirma Revilla, que cree que «tenemos poca educación vial» y que en otros países -«como Alemania»- tienen otra mentalidad al volante. Varona sonríe y añade: «No es el caso de Portugal, o de Francia, allí se conduce todavía peor».
Surge, sin más rodeos, la pregunta: ¿Por qué se producen tantas muertes en las carreteras españolas cada año?
Revilla se muerde el labio inferior y recurre a la diplomacia: «Los accidentes ocurren porque convergen una serie de circunstancias en las que hay que incluir al conductor, al vehículo y a la carretera por la que viaja». Luego, sin embargo, reconoce que el factor humano se lleva la palma en los porcentajes.
«Las carreteras no son malas. Habrá algunas que mejorar, sí, pero las carreteras no son la causa principal de los accidentes», dice Revilla. Los coches, tampoco. Varona reconoce que cada vez «son más seguros» y que «en lugar de provocar tragedias las evitan. Los habitáculos no se deforman, los elementos de seguridad son cada vez más y mejores... No, tampoco los coches son la causa principal de los accidentes».
El factor humano
Revilla y Varona no tienen ninguna duda. El sargento achaca buena parte de los siniestros al factor humano: «Conducir bajo los efectos del alcohol o la droga, despistado, confiado o a una velocidad excesiva son circunstancias que sólo se dan en el hombre» y que si se buscan aparecen detrás de cada accidente.
Los agentes hacen aquí un alto para desvelar algunas curiosidades, casi todas colgadas de su anécdota correspondiente.
«En contra de lo que se piensa, la conducción bajo los efectos del alcohol es cosa de gente mayor. Casi todos los que 'cazamos' bebidos tienen de 40 años para arriba. Vienen de comidas de empresas, bodas, bautizos... ¿Camioneros? Sí. Y agricultores», dice Revilla. Varona recuerda «a aquel que se metió en plena carrera ciclista con un tractor y dio 2,04. Pudo causar una tragedia».
«Los jóvenes llevan más droga; hachís, cocaína, pastillas...» afirma Revilla, «aunque algunos también van bebidos». Y con 'chispa'. «A veces das con alguno que lleva esa gracia propia de la borrachera y te ríes con sus chistes, porque hay algunos que hasta te los cuentan». Eso es cuando les dan el alto en un control de alcoholemia, donde lo de comer chicle, beber café o tomar 'almax' no es efectivo. «Que lo sepan».
La velocidad es cosa de todos. Porque «todos tienen prisa por llegar a algún lado», dicen, «y alguno no se quiere meter en la cabeza que con esa idea es probable que no llegue nunca».
Luego de lamentarse confían en que «el interés del Gobierno por la seguridad vial va a ayudar a rebajar los índices de siniestralidad en las carreteras españolas». Se refieren al carnet por puntos («muy eficaz a más largo plazo»), a la aplicación de las condenas («no puede ser que a alguno matar con un coche le salga casi gratis») y al endurecimiento de las sanciones («la gente obedece cuando le tocas el bolsillo»).
Y a su trabajo, malentendido: «La imagen que se tiene de nosotros no es la mejor. Multamos. Retiramos carnets de conducir... Somos los malos de la película», asume con cierta pena Varona, que asiente cuando Revilla escribe la postdata: «Nos jugamos la vida todos los días».

 
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