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María dijo:Seguro...99%![]()
refer dijo:Ahora bien nuestras creencias ideologicas no deben de operar al momento de la atencion de nuestros pacientes ya que ellos son nuestra principal prioridad.
Eusebio dijo:Respeto todo tipo de creencias y religiones, creo que todas tienen su parte positiva y su parte negativa
Javier Isis dijo:Pues yo no creo, afirmo que toda creencia religosa influye negativamene en el sujeto, ya que no es más que una forma de pensamiento mágico e infantil. No es una opinión personal, que conste, Freud definió la religión como la Gran Neurosis Obsesiva Universal, Marx como el Opio del Pueblo, etc
Isabel Herrán dijo:Bueno, yo aquí no estoy muy de acuerdo contigo... o con Freud...creo que "una forma de pensamiento mágico e infantil" no tiene por qué ser del todo negativa.
Frente a una gran catástrofe, hay gente que reacciona de maneras muy distintas y creo que tiene mucho que ver la religión que profesan. Precisamente aquellos que eran más devotos eran quienes mejor sobrellevaban la situación
emrcia dijo:Javier, incluso las explicaciones que da el modelo psicodinámico para explicar el comportamiento humano conforman un marco de creencias, para mí no muy distintas de un sistema religioso.
Los mismos comportamientos son explicados de otras formas igualmente convincentes desde otros modelos.
Freud escogió utilizar los movimientos del eros y el thanatos para explicar el comportamiento... pero podía haber escogido otras palabras y conceptos...
sino que debería apoyarme en las dictadas por los comités de bioética de los estados y las sociedades científicas.
Tendemos a pensar que la ética es una cuestión personal, especialmente para los sanitarios, y no lo es en absoluto.
Javier Isis dijo:Despues se crean estructuras religiosas y lo acaba de arreglar, se dictan unas normas que vayan en contra de los institos naturales y que sean inadaptativas (amar al enemigo, por ejemplo), como es imposible de realizar siempre estas en pecado, necesitas un intermediario entre tu y Dios (los sacerdotes), y ya esta garantizada la perpetuidad de la creencia y de la institución religiosa
Javier Isis dijo:si uno cree en Dios, todo bondad, tu padre y esas cosas, es dificil de comprender por qué permite que ocurra una catástrofe,
Javier Isis dijo:En estas situaciones el odio hacia esa figura es algo normal y el rechazo consiguiente a la religión. En algunas catástrofes hay curas, imanes, etc, normalmente casi ningun afectado recurre a ellos
Estooo... este es un punto polémico. El hecho de que estén razonadas no implica necesariamente que sean racionales. Todo depende de las coordenadas en las que se mueva el que teoriza. Doy por válidas estas hipótesis, y desde ellas desarrollo mi teoría. El discurso que te lleva a montarla puede ser racional, pero que la teoría sea cierta depende de que lo sean las hipótesis de trabajo de las que parte. Sabes bien que uno de los principales ataques que ha recibido el psicoanálisis es el de ser considerado pseudociencia pues no se sujeta a los mismos principios del método científico de otras disciplinas.Javier Isis dijo:El psicoanalisis se ha desarrollado a partir del método científico, se basa en teorias constatadas empíricamente no en creencias irracionales,
Y si bien los reparos hacia las doctrinas freudianas han sido formulados con diversos grados de rigor y profundidad, el cuestionamiento más frecuente se direcciona hacia el status que correspondería asignar al psicoanálisis desde la perspectiva de una teoría científica, esto es, en función a la búsqueda y aplicación estricta de los procedimientos en uso por las ciencias establecidas para la búsqueda de datos nuevos y la comprobación de hipótesis y teorías.
¿al "ello" quizá?...Ahhh y no adoramos a nadie![]()
Esto es discutible. Para el psicoanalisis uno está desbordado por "tal cosa" o bien la tiene "reprimida" según interese. y esto no es demostrable y quizá también sea reduccionista.Pues no, el psicoanalisis explica la normalidad y la anormalidad, otros modelos son reducionistas, por tanto no explican muchos conceptos, no abordan muchas patologías
Efectivamente, esta lucha entre contrarios no le es exclusiva, también están el Ying y el Yang, Simon y Garfunkel y Tom y Jerry (perdón por la broma) pero a lo que yo me refería es a que él escogió que la "energía positiva" tuviera un nosequé de lo sexual y la "negativa" un nosequé de la muerte. Pero podía haber llamado a los ladrillos de su teoría de otra forma, pero no habría tenido el éxito que tuvo. Lo utilizaba como ejemplo de que, a veces, el principal obstáculo para el entendimiento viene de una constelación cerrada y excluyente de significantes... pero basada en unos significados mucho más universales. La imaginería del psicoanálisis no es muy distinta de la del cristianismo en algunos aspectos: la tentación, la carne, el cielo, el infierno... tienen su equivalente en la urdimbre del psicoanálisis.Pues no se, pero las pulsiones básicas son las pulsiones básicas, y hasta las investigaciones de la física cuántica coincide con sus planteamientos, materia-antimateria, particula-antiparticula, siempre dos fuerzas en oposición. Parece que no iba muy desencaminado Freud. No se si sabras que se utilizan la teoría del insconsciente para explicar la teoria del Caos
Tendemos a pensar que la ética es una cuestión personal, especialmente para los sanitarios, y no lo es en absoluto.
Uyyy, concepto muy complejo, tengo por ahí un trabajo sobre la etica y la deontología profesional, si le interesa a alguien la parte de la precisión conceptual y los orígenes de la etica, se lo mando o lo pongo en la web, si tu quieres
I. Resistencia a la validación experimental. Los psicoanalistas se han mostrado porfiadamente reticentes ante cualquier intento serio de someter sus postulados al cedazo de la experimentación. Para ello han esgrimido argumentos de diversa índole y calibre, siendo el más característico la supuesta imposibilidad de los fenómenos por ellos abordados a responder a la comprobación y el control estricto de variables. Las actitudes del propio Freud a este respecto son prototípicas de su estilo, ya que en vida suya hubieron quienes consideraron necesario someter la imaginería psicoanalítica y sus conceptos a una rutina de comprobación más ajustada con el proceder normal de la ciencia. Las respuestas de Freud, cuando no solapadas en una dudosa condescendencia, fueron directamente despectivas a este propósito (Eysenck y Wilson, 1980). Por cierto que el método experimental no es el único utilizado por la psicología de manera fructífera, pero los partidarios del psicoanálisis parecen adolecer de una desmotivación similar hacia las demás estrategias de investigación de las ciencias del comportamiento, poniendo en duda la efectividad de casi todas ellas. Con excepción, claro está, del así llamado método clínico, que se halla concebido a la medida exacta para las ambiciones de legitimación metodológica que esconden las cofradías del inconciente.
II. Ambigüedad conceptual. Los conceptos de los que se vale el psicoanálisis para articular sus explicaciones de los aconteceres psíquicos están formulados con un considerable ingrediente de ambigüedad e imprecisión. Esto vuelve muy dificultoso cualquier intento de someter sus postulados a prueba. Desde luego, la carencia de ideas precisas tiene sus ventajas evidentes desde el punto de vista de la teoría, ya que a cada intento de refutación siempre será posible reacomodar convenientemente la explicación que se ofrece, de forma tal que los axiomas fundamentales nunca queden eliminados. Es un escenario reiterado donde las verdades insondables resisten con fuerza a las embestidas de la evidencia. Esto se produce de forma muy manifiesta con el mecanismo defensivo de la formación reactiva, que permite que una aseveración verbal cualquiera con carácter desfavorable a la teoría sea en verdad confirmatoria de la misma, pues se supone afirma el hecho opuesto. La verdad se reprime en el inconciente. Así, no importa que la resistencia aparezca en el diván o en las páginas impresas de los libros, el fenómeno es idéntico. Este proceder inverosímil para una racionalidad lineal es perfectamente admitido por lo que podríamos llamar la lógica interna de la teoría. Pero lo que puede ser bueno para los psicoanalistas, no lo es para los científicos. Una vez más, se comprueba la indomable rebeldía de los exégetas del ello por ajustarse a los estándares procedimentales que son corrientes para la ciencia.
III. Indiferencia a las críticas adversas. El psicoanálisis no sólo ha sido renuente a la utilización de la metodología objetiva que es de uso corriente en la psicología científica para la validación de sus estudios, también ha sido difícil lograr una asimilación productiva de las críticas que le son adversas, ya sea las que están basadas en hallazgos empíricos o en análisis teoréticos. De esta manera, el cuerpo principal de la teoría siempre permanece indemne. Las réplicas ensayadas por los seguidores de Freud, por lo general, se formulan casi siempre en términos muy descalificatorios, no de los investigadores que las realizan, por supuesto, sino de las posiciones presuntamente superficiales o insuficientes para abarcar con eficacia real los fenómenos de naturaleza más profunda a los que se aboca la teoría. En una palabra, las críticas provenientes de posiciones que se hallan epistemológicamente distantes a la orientación psicoanalítica en verdad no pueden afectarla, no pueden alcanzarla, no pueden obligarla a cambiar o modificarse y a la larga no tienen consecuencias sobre ella. Es así como el psicoanálisis parece situarse más allá de todo debate y se presenta a sí mismo como un sector impermeable a la discusión crítica divergente. En verdad, muy poco similar a cualquier ciencia normal que conozcamos.
IV. El psicoanálisis es una teoría irrefutable. Los niveles de generalidad, extensión y ambición explicativa del psicoanálisis son, en la misma medida que el marxismo, los más altos que puedan encontrarse entre los enfoques que se presumen científicos. Siendo en principio una aproximación psicológica, Freud expandió tanto sus horizontes que acabó ensayando hasta una explicación de Dios (Freud, 1927/1981). Para ser justos debemos consentir en que este esfuerzo interpretativo, desde un punto de vista más filosófico, resulta bastante desafiante. Pero como menciona Baker (1996) recordando los argumentos clásicos esgrimidos por Sir Karl Popper en el libro Conjeturas y Refutaciones, esta condición omniexplicativa del freudismo, que a juicio de sus adherentes pasa por su principal crédito y ventaja, es en realidad la fuente principal para su debilidad como teoría. El psicoanálisis pretendió explicar tanto y tan vasto, que acabó sin aclarar prácticamente nada. De esta situación también se deriva la enorme dificultad por deducir hipótesis contrastables susceptibles de validarse con procedimientos empíricos, en especial aquéllas que se refieren a los conceptos de mayor generalidad que cruzan toda la teoría: los procesos activos del inconciente, la represión, y otros semejantes.
V. Aislamiento. Quizá una de las características que más sorprenden cuando se compara al psicoanálisis con las demás ciencias del comportamiento, es el agudo aislamiento en que se desenvuelve en relación a la investigación producida en otras áreas. Los psicoanalistas se comportan a menudo como si los demás sectores de la psicología no existieran o carecieran por completo de importancia. Se empeñan muy poco por absorber sus conocimientos, o en asimilar y responder adecuadamente a las críticas que reciben. Freud mismo demostraba palpablemente esta esquiva actitud. En los días en que la psicología experimental se abría paso de la mano de Wilhelm Wundt y concitaba interés y entusiasmo en todo el mundo, Freud mencionaba al célebre maestro alemán una sola vez en sus escritos, para retratarlo no como un investigador científico, sino como un filósofo.
Esta tendencia al aislamiento ha llevado a algunos psicoanalistas de las generaciones más recientes a pergeñar opiniones marcadamente insólitas. Ese ha sido el caso de Néstor Braunstein, [...] En esencia, estos autores sostienen que el psicoanálisis es la verdadera disciplina científica, en tanto la psicología académica carece de tal cualidad al no superar la mera superficialidad de los hechos que estudia y no sobrepasar el nivel de un mero discurso ideológico (Braunstein, Pasternac, Benedito y Saal, 1975). Estas afirmaciones han obtenido réplicas bien informadas por parte de autores que conocen a fondo la psicología moderna y son aptos para opinar con propiedad sobre ella (Martínez-Taboas, 1991). Pero más allá de las polémicas que generan discusiones de esta naturaleza, parecen suficientes para comprender porqué el psicoanálisis se encuentra absolutamente ausente de los esfuerzos programáticos que hoy llevan a cabo varios académicos de comprobada seriedad, tanto en los Estados Unidos (Staats, 1991, 1999) como en América Latina (Ardila, 1997a, 1997b) para lograr la unificación plena de la psicología.
VI. Relación de causalidad. Los auttores psicoanalíticos plantean una relación de causa a efecto que se supone capaz de discurrir fluidamente entre instancias cuya esencia existencial es nada menos que la inmaterialidad (el yo, el súper-yo y el ello). Estos actúan sobre sectores materiales de la realidad como el cuerpo orgánico donde operan las disfunciones psicológicas o los problemas físicos. Un ejemplo del que han hecho abrumadora cosecha los seguidores de Freud son los transtornos psicosomáticos. Como ha explicado Bunge (1989) una relación causal es válida o se puede estimar como bien definida sólo cuando establece una conexión entre eventos concretos, como por ejemplo el cerebro y el aparato digestivo (Bunge, 1989). Recordemos que los intentos heroicos realizados por investigadores muy serios (Rof Carballo, 1972) que se han esforzado por localizar en el cerebro los componentes del aparato psíquico (Freud, 1923/1981) no han logrado en los hechos la compensación que esperaban para sus esfuerzos. Pero el que no se haya encontrado al ello, el yo o el súper-yo ocultos en los pliegues de la masa encefálica no implica negar, por supuesto, la enorme influencia ejercida por el sistema nervioso sobre el comportamiento. En relación a este aserto cada vez surgen mejores y más seguras pruebas desde la psicología de la salud, un área donde las investigaciones en curso sugieren que los procesos psicológicos y los estados emocionales influencian a la enfermedad en su progresión y etiología, o contribuyen a la vulnerabilidad o resistencia individual hacia la misma (Baum y Posluszny, 1999). En este campo de investigación emergente y riguroso, los psicoanalistas no han resultado precisamente los más asiduos colaboradores.
VII. Efectividad terapéutica muy reducida. Si una forma cualquiera de psicoterapia se halla asentada sobre un conocimiento correcto y fundamentado de las relaciones de causa a efecto, que sean auténticas y reales y no ficticias o inventadas, entonces es de esperarse que cumplan su propósito manifiesto, esto es, que demuestren en la práctica la posibilidad de cambio y mejoría en las situaciones de malestar subjetivo que aquejan a sus potenciales clientes. Los psicoanalistas también han demostrado dificultades considerables para salir gananciosos en este campo. Las primeras investigaciones evaluativas sobre el éxito de las psicoterapias fueron revisadas en conjunto por Eysenck (1952/1980), y en ellos el freudismo no ha salido bien parado. En términos globales, su efectividad no supera el 44 por ciento frente a la simple remisión espontánea, es decir, la superación del sufrimiento psicológico que se logra sin recibir intervención especializada alguna. En términos brutos esta última orilla el 72 por ciento. Vale decir, resulta más efectivo tratarse con médicos generales o no hacerse atender en absoluto que recurrir a los auxilios de un psicoanalista (Eysenck, 1952/1980). Hasta algunos disciplinados seguidores de Freud (Fenichel, 1973) le han asignado escuálidos márgenes de productividad a las epopeyas del diván. Los recuentos actuales no han mejorado las cosas para los Icaros intrapsíquicos. Recientes estudios globales de revisión centrados en el éxito del proceso y en los resultados de la psicoterapia (Kopta, Lueger, Saunders y Howard, 1999) ni siquiera mencionan ya a la teoría freudiana o sus derivados. ¿Prueba que los psicólogos consideran agotada la discusión? Es probable. Quizá obligados por la fuerza que les impone la vigencia del principio de realidad (Freud, 1923/1981) los psicoanalistas modernos, en especial los de simpatías lacanianas, parecen haber renunciado del todo a cualquier búsqueda o cálculo evaluativo que explore de forma medianamente creíble su presunta efectividad.
Todo esto sin olvidar las graves implicancias éticas que tan oscura realidad conlleva. Porque seamos claros, ¿qué hay de los miles de pacientes que han puesto su integridad psicológica y quizá aún sus vidas -recordemos a quienes padecen trastornos depresivos- en manos de un psicoanalista? ¿Qué hay de la considerable inversión de dinero que han debido realizar ellos en el proceso? ¿Se les ha informado alguna vez de los reparos de toda clase que sufre la psicoterapia a la que tan confiados se someten? ¿Podría tener alguna disculpa este silencio cómplice del analista?
VIII. El argumento de autoridad. Muchas doctrinas que reposan en forma muy endeble sobre cimientos empíricos escasos o directamente inexistentes ponen un acento mayor en la interpretación autorizada que pueda ejercer el terapeuta o el artífice sapiencial de turno que en una investigación fáctica real y solvente. Por supuesto, esta estrategia se halla muy justificada desde el punto de vista de los intereses de sus practicantes. Los psicoanalistas se cuentan entre quienes hacen uso del argumento de autoridad con abusiva frecuencia (Van Rillaer, 1985). En muchos casos el ejercicio de la interpretación y la autoridad en realidad se imponen al paciente sin dejarle una opción intermedia, con lo que las explicaciones del terapeuta no pueden ser discutidas en forma crítica. La única opción es aceptar, de lo contrario, estaremos ante la manifestación de una resistencia inconciente. En una forma indirecta pero sutil, este aspecto de la imposición de un criterio único podría verse reforzado por el hecho de que muchos psicoanalistas son miembros del gremio médico. Como ha señalado el psicólogo James Alcock, la confianza en la autoridad es una fuente primaria para la adquisición de las creencias de cualquier persona, incluyendo aquéllas que se refieren a la aceptación por el público de una pretendida eficacia de los variopintos métodos que promociona sin tregua la medicina alternativa (Alcock, 2000). En mayor o menor medida, quienes vivimos en la cultura occidental nos hallamos expuestos desde los días de la escuela a un aprendizaje social que refuerza la aceptación dogmática de las verdades provenientes de las figuras investidas de autoridad. Al mismo tiempo, las opiniones de estas se nos presentan como indiscutibles. Camuflada bajo la experticia interpretativa del terapeuta, tal dinámica puede observarse también en el psicoanálisis.
IX. Ductilidad para fusionarse con creencias bizarras. En su excelente estudio sobre la pseudociencia, Leahey y Leahey (1984) recuerdan con acierto que, al adentrarse en las etapas finales que marcaron el cenit de su influencia, la frenología experimentó una fusión con un conjunto de doctrinas de muy dudosa rigurosidad, de truculenta reputación entre los investigadores y en todo sentido extrañas al espíritu de la ciencia. Comparativamente, el psicoanálisis parece exhibir hoy una condición muy similar. Existe un cúmulo de modalidades de tratamiento, que Baker (1996) no duda en calificar como desperdicios terapéuticos que se presentan, las más de las veces, en clara disonancia con el conocimiento psicológico, y en los que resuenan ecos claros del pensamiento freudiano y sus conceptos, ya sea en aspectos mayores o en pequeños matices.
Es así que modalidades tan inusuales como la terapia del vómito de Francis I. Regardie o la terapia del grito de Arthur Janov, que utilizan estos predecibles procedimientos como una forma de catársis, resultan un buen ejemplo. Otras aproximaciones más integradas a la psicología como la terapia gestáltica de Fritz Perls arrancaron su trabajo a partir de preceptos como el reflejo nasal neurótico, un extravagante concepto acuñado por Wilhelm Fliess, quien anestesió ciertas áreas de la nariz con cocaína para emprender algunos procedimientos quirúrgicos. Freud, quien fué amigo de Fliess y al igual que él también experimentó con el uso de la cocaína en su juventud, participaba plenamente de estas ideas. Perls, trabajando varias décadas más tarde, se valió de la misma inspiración para encarar los problemas de un joven que presentaba signos de impotencia sexual, focalizándose en las sensaciones de la nariz y alternándolas con las del miembro viril, para lograr la solución. Al haber recuperado el joven su estado de tumescencia, Perls supuso con optimismo que este caso le había ayudado a descubrir la importancia de buscar una buena gestalt para comprender a cabalidad cada situación clínica y proceder así sobre criterios similares en el futuro (Singer y Lalich, 1996).
La oleada de terapias que buscan acceder a alguna forma de regresión son también tributarias directas de la influencia psicoanalítica (Singer y Lalich, 1996). Entre estas se hallan las que prometen la vuelta hasta más allá del nacimiento, en la búsqueda de los arquetipos universales de la humanidad, que se hallan dormidos en cada uno de nosotros. Las rutas para estos surrealistas recorridos se lograrían a través del uso psiquiátrico del LSD o de técnicas holotrópicas para el entrenamiento de la disciplina y el control de la respiración, tal como enseña Stanislav Grof (Grof, 198. Si uno deseara proyectar su camino regresivo incluso más allá, están las modalidades terapéuticas que conducen a la resurrección de historias ya vividas, a existencias sepultadas en el silencio y el olvido y a las puertas de los insondables abismos de lo desconocido, como la terapia de regresión de vidas pasadas creada por el Dr. Brian Weiss (Weiss, 2002).
Con semejantes logros y laureles, auténticos o ficticios, nadie podría dudar de la potencialidad e inventiva ilimitadas que sin término exhiben la teoría psicoanalítica y sus incontables émulos. Excepto, claro está, que el destino elegido para orientar nuestras metas y esfuerzos sea el de la rutilante claridad de la ciencia.
emrcia dijo:Pero soy consciente de sus limitaciones como ciencia y sobre todo como referente ético.
en él no se puede encontrar la respuesta a cómo debo hacer las cosas
Como la psicología en su conjunto, no trata la "ciencia" del bien y el mal sino del "sentirse bien" "sentirse mal". En muchos puntos está muy próxima a la Filosofía y mama de sus pechos, pero no pueden confundirse.
Estooo... este es un punto polémico. El hecho de que estén razonadas no implica necesariamente que sean racionales. Todo depende de las coordenadas en las que se mueva el que teoriza. Doy por válidas estas hipótesis, y desde ellas desarrollo mi teoría.
Sabes bien que uno de los principales ataques que ha recibido el psicoanálisis es el de ser considerado pseudociencia pues no se sujeta a los mismos principios del método científico de otras disciplinas.
¿al "ello" quizá?...![]()
Esto es discutible. Para el psicoanalisis uno está desbordado por "tal cosa" o bien la tiene "reprimida" según interese. y esto no es demostrable y quizá también sea reduccionista.
él escogió que la "energía positiva" tuviera un nosequé de lo sexual y la "negativa" un nosequé de la muerte.
La imaginería del psicoanálisis no es muy distinta de la del cristianismo en algunos aspectos: la tentación, la carne, el cielo, el infierno... tienen su equivalente en la urdimbre del psicoanálisis.
lo que suele curar no es la terapia... sino el terapeuta
pero una cosa es tener creencias, y otras ser un ferviente seguidor de una religión o deuna creencia.
Otra cosa son mis creencias, que incluso pueden cambian, pero nunca de manera radical o intransigente.
pero si eres un ferviente creyente encontrarás respuesta porque es lo que esperas.
sino en lo que hablamos, en si esa creencia/ilusión/magia ayuda o no, si es positiva o negativa.
Yo creo que éso depende de dónde se de esa situación, hay paises donde las creencias muy aferradas hacen a la gente más "resistente" a la desgracia
Sin embargo, otras creencias hacen que la muerte, la desgracia, parezca algo más doloroso, más difícil de llevar y entonces vuelque el odio o la frustración hacia aquello que supuestamente nos cuidaba.
¿no es cierto que la mente maneja en cierto modo nuestro cuerpo?
¿por qué no ayudarse con pensamientos infantiles y mágicos siempre que no nos volvamos Antoñita la Fantástica o algo parecido?