Falsa alarma en la ronda nocturna.

Estado
Cerrado para nuevas respuestas

Shaggy

e-mergencista experimentado
Autor #1



Patrulla con la Guardia Civil. Óscar es de León. Llevaba varios años en el cuartel de Riudoms. Hasta que cerró. Fue trasladado a Cambrils. Adán es su compañero de ronda nocturna. Es un joven guardia de Baeza (Jaén). Acaba de salir de la Academia. Ambos forman una de las patrullas que la noche del lunes salió de ronda por el Baix Camp. En cualquier momento podía saltar la alarma. Y saltó. Pero resultó falsa.

por jaume garcia |
Alejado del mundanal ruido cambrilense, el cuartel de la Guardia Civil reposa cerca de la Riera de Maspujols. Esta noche les ha tocado en suerte a Óscar y a Adán patrullar por un territorio inmenso: desde Cambrils, sus urbanizaciones, Montbrió del Camp, Vinyols, Riudoms y todas y cada una de las playas hasta Miami-Platja. Hoy no juega Inglaterra en el Mundial. Hoy no es fin de semana. Hoy no tendría que pasar nada anómalo, «pero en este oficio nunca se sabe, en cualquier momento puede saltar la chispa», susurra Adán.
Son las diez de la noche de una apacible, despejada, aunque algo bochornosa noche. Óscar acarrea con una enorme linterna, que coloca en el maletero del Peugeot con los chalecos antibalas y reflectantes. Será el conductor. Es el más veterano.
Hacia la urbanización Nou Cambrils, despacio. Una ronda es observar y conducir despacio. La noche será larga, hasta las seis de la mañana, cuando finalizará la ronda. La noche descubrirá que los uniformes siguen imponiendo respeto y que los controles de tráfico causan pánico. La vida puede ser maravillosa, pero la vida nocturna de un guardia es una puerta abierta al incógnito. A las diez y cuarto, en la Comisaría de la Policía Local de Cambrils. Un urbano se dirige a Adán. Habla casi en susurros. Se oye la palabra «sobredosis». Ciertamente. Un vecino de Cambrils murió el día anterior de sobredosis. Fue hallado con la jeringuilla en el brazo. Era conocido en Cambrils. Detrás habrá una historia dramática, un relato personal que los guardias habrán releído mil veces e interpretado otras mil. El trágico final pudo haber sido otro. La moneda de la vida que lanzó al aire le salió cruz. Se convertirá en un dato, cifra estadística, objeto de estudio. Ahí se quedó el drama, con una jeringuilla en el brazo.
Dejan atrás la Comisaría de la Policía Local en dirección a Vilafortuny. «Hay más follón en Salou que en Cambrils», razona Óscar, «y más en Semana Santa que por estas fechas», prosigue. Dos problemas clásicos que se reproducen como la novela del drogadicto fallecido por sobredosis: las peleas de los bebedores y los malos tratos a las mujeres. Menos mal que hoy no juega Inglaterra.
El Peugeot avanza lentamente cruzando chalet tras chalet. Óscar y Adán otean cada vivienda circulando a 30 kilómetros por hora. También los cruces de calles. Reina la paz en Vilafortuny. Ni ruidosa música de fondo ni gritos en la oscuridad. No hay peleas ni provocadores ni sobrao s. Esto es muy extraño. No es cierto que la calma precede a la tormenta, es la extrema calma la que le precede. Pasará algo.
A las diez y media la patrulla llega al Camí de Cavet. Primer acto. Un joven ciclista circula con rapidez apoyado en la ventanilla del copiloto de un turismo. Óscar y Adán no se inmutan. Paran al conductor y al ciclista. Pánico, es la Guardia Civil. Piden la documentación al conductor, que les abra el maletero y le confiscan un porro que se estaba fumando. El miedo tiene una sola cara, pero se juega con muchas cartas. Primero te paran, luego te piden la documentación y según el número de la suerte que te haya tocado, te abren el maletero. A saber dónde acabará uno. «El caso lo propondremos como sanción de tráfico», informa Óscar.
La emisora de radio del Peugeot está conectada a la central de Tarragona y al cuartel de Cambrils. Emite informaciones constantemente. Es como escuchar Catalunya Informació, pero en versión crónica negra. «Aquí base. Se ha desprendido una teja de una vivienda». Stop. «Unos vecinos nos informan de una pelea matrimonial en un chalet». Stop. Si la Guardia Civil se dedicara al periodismo on line arrasaría en audiencia. Cada parte provoca ansiedad: ¿Qué anunciará ahora? ¿Cuándo sucederá lo que fatalmente ocurre en todas las noches increíblemente apacibles?
Llegamos a la Avinguda Diputació. Son casi las once. Hay ambientillo. La discoteca Black sigue abierta y en su sitio. El paseo es una maravilla y ya no existe el hotel Florida. Acaba la primera hora. Llaman al walkie-talkie de Óscar: «Haremos un control». Será en el Camí de Cavet, en la zona de Mas Clariana, al lado de una residencia de la tercer edad, de una de cuyas ventanas asoma una anciana. Arriba un todo terreno para dar apoyo; Óscar y Adán han aparcado en una rotonda y... se colocan el chaleco antibalas. Aquí pasará algo.
Falsa alarma. La tormenta la padecen los conductores que deben mostrar la documentación y abrir el maletero. A un joven le confiscan una china de hachís y un canutillo. El control durará una hora. Óscar y Adán regresarán al cuartel y comenzará otra fase de la noche: la salida por los pueblos. A la una y cuarto, se hallan cerca de Montbrió cuando la central informa que ha saltado una alarma en un almacén de Riudoms situado al lado de la gasolinera.
«Riudoms», musita Óscar, que conoce el terreno que pisa. «Es un almacén de frutos secos». Cronómetro en mano, llegan en cinco minutos. Salen del coche, encienden la linterna y observan la puerta. No ha sido forzada. Llega otra patrulla. Se entiende por qué llevan chaleco antibalas. ¿Y si hay alguien dentro? ¿Y si va armado?
Dan la vuelta al almacén. Todo está a oscuras. Llega la propietaria. «Hace unos meses nos robaron un camión cargado de género», comenta. La propietaria abre la puerta. Sudor frío. Es una noche sorprendentemente tranquila. Óscar, Adán y otros dos agentes, uno de ellos un sargento, acceden al almacén. Huele poderosamente a almendras. La luz de las linternas de la Guardia Civil rasga la oscuridad. Por fortuna, no hay nadie. Ha sido un gato. Falsa alarma.
La ola de robos y asaltos ocurridos en el Camp de Tarragona en los últimos meses ha disparado las ventas de sistemas de alarmas de la empresa Securitas Direct. El aumento de las ventas en el Camp de Tarragona y Terres de l'Ebre fue del 237 por ciento. Ese incremento vivido en el pasado mes de mayo ha sido «muy significativo» debido «a la alarma social generada», según José Manuel Correas, portavoz de la empresa, con sede en Madrid.
«Este incremento supone una notable diferencia con respecto a las estimaciones de venta que tenía la propia compañía para el mes de mayo y hace pensar en la influencia que han tenido» los asaltos a las viviendas, señala Correas.
Securitas considera que el pasado mayo puede ser uno de los de mayor facturación en la zona de Catalunya.
Si las empresas de venta de sistemas de alarmas viven un momento eufórico, no sucede así con algunos alcaldes de la comarca del Baix Camp, que han protagonizado encendidas polémicas con los representantes del Gobierno central por la carencia de efectivos policiales.
Josep Maria Tost, alcalde de Riudecanyes, afirmaba esta semana al Diari que el despliegue de efectivos de la Guardia Civil «fue visible y constatable en la primera semana, pero ahora han desparecido del mapa».
Tost señala que las peticiones para conocer el número de agentes desplegados «han caído en saco roto», como las cifras de delitos. «No tenemos constancia de que haya habido más robos en Riudecanyes», apunta. Tost desconoce si los efectivos de refuerzo veraniego han sido desplegados ya.
Riudecols se ha convertido en el punto de mira de los municipios del Baix Camp y algunas localidades del Priorat. El cuartel protege 18 localidades con un reducido número de agentes después del cierre de los cuarteles de Riudoms y Cornudella de Montsant (Priorat).
El Consell d'Alcaldes del Baix Camp denuncia insistentemente la poca presencia de agentes de la benemérita en ese cuartel: cinco. Ahora ha aumentado ahora su número, aunque el alcalde de Riudecols, Pere Solanelles, desconoce la cifra exacta: no ha sido informado por el Gobierno.
Riudecols vive una atmósfera «de tranquilidad» gracias precisamente a la presencia del cuartel.
Arbolí, de cien habitantes y situada en un complicado cruce de caminos en las montañas de Prades, y a 700 metros de altitud, decidió en mayo poner en marcha patrullas ciudadanas ante el temor que provocaron los asaltos a viviendas, especialmente por el caso vivido en el robo con violencia en un chalet de Les Borges del Camp. La patrulla, que se desplaza en vehículo particular y con una sirena anaranjada en su baca, comenzó saliendo de ronda cada noche, para después ir espaciando el tiempo de salida, una vez por semana.
Las quejas del alcalde de Arbolí, Jordi Juncosa, por la ausencia de efectivos de la Guardia Civil y de los Mossos han sido constantes. El propio alcalde apoyó la creación de la patrulla. El resultado ha sido una disminución de los robos en coches, el principal problema en Arbolí.
Calma chicha en Prades. La población que sufrió un espectacular asalto a la Caixa Rural de la Cooperativa Agrícola hace unos meses duerme tranquila. Desde el mes de mayo dispone de un vigilante nocturno, que se encarga de controlar las dependencias municipales y el tráfico del casco urbano. «El vigilante no detiene a nadie ni mucho menos se enfrenta con delincuentes. Hace únicamente el trabajo de vigilar. Si algo ocurriese, llamaría a la Guardia Civil y a los Mossos d'Esquadra», señala Santiago Pons, su alcalde. El despliegue de efectivos de la Guardia Civil en el Camp de Tarragona está siendo percibido «positivamente» por los vecinos de Prades. «Guardia Civil y Mossos realizan controles de tráfico de forma periódica. Ya no hay quejas ciudadanas por la inseguridad».


por jaume garcia
http://www.diaridetarragona.com/
 
Estado
Cerrado para nuevas respuestas
Arriba