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Balance DYA Guipuzcoa sobre temporada playas 2006

Tema en 'Noticias de emergencias' comenzado por tanidya, 4 Sep 2006.

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  1. tanidya

    tanidya e-mergencista experimentado

    Los socorristas de DYA y Cruz Roja han realizado 4.000 actuaciones

    El aumento de bañistas y el calor en julio han duplicado las atenciones habituales en las playas. En julio hubo 2.376 actuaciones y agosto fue normal


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    SAN SEBASTIÁN. DV. Los socorristas de las playas guipuzcoanas, tanto los de Cruz Roja como los de DYA, han desempeñado su labor sin agobios, a pesar del incremento del número de personas que este verano han abarrotado las arenas guipuzcoanas entre Hondarribia y Mutriku. Bien es cierto que los días nublados de agosto han reducido el porcentaje de bañistas de sol y mar. Sin embargo julio dio trabajo intenso a los socorristas de ambas entidades de ayuda.

    La asociación DYA dispone de 40 voluntarios que vigilan y atienden las dos playas de Orio -Antilla y Oribarzar-, las tres de Mutriku -Mutriku, Ondarbeltz y Saturrarán- y las dos de Zumaia -Itzurun y Santiago-. Como mínimo hay cinco personas por playa y los días de más asistencia pueden llegar a siete y una enfermera. Por su parte, los socorristas de Cruz Roja son un centenar, de los que 40 se encuentran permanentemente en las tres playas donostiarras de La Concha, Ondarreta-Isla y Zurriola. El mayor número, veinte, están en ésta última, abierta al Cantábrico y expuesta a fuertes oleajes y corrientes. El resto se distribuyen en las de Hondarribia, Zarautz, Getaria -Malkorbe y Gaztetape- y Deba.

    Iñaki Rodrigálvarez, coordinador de DYA, señala que «hay una sintonía perfecta con el verano pasado. Es decir, no ha existido una incidencia especialmente notable del incremento de turismo sobre las asistencias». Lo achaca a una meteorología irregular. «Sí es cierto que la segunda semana de julio, con temperaturas atípicamente altas, realizamos 250 asistencias. Es una cifra muy importante. Casi una tercera parte del total de los dos meses». Antes de cerrar el balance de la segunda quincena de junio, julio y agosto, DYA atendió 760 casos. «Aquella semana la asistencia a las playas fue terrible. Menos mal que no llegaron las medusas».

    Cruz Roja trabajó a destajo en julio. Tanto calor en julio originó un llenazo absoluto en las playas, por lo que las actuaciones de sus socorristas duplicaron las cifras habituales. «Cortes, picaduras, heridas en las rocas y rescates del agua fueron contínuos», rememora Saratxo. En total, 1.872 ese mes, destacando las acciones en la Zurriola donostiarra, con 196 actuaciones y nada menos que 61 bañistas rescatados; las 403 de La Concha y otras 406 en Zarautz. Getaria mantuvo sus cifras (138) y Deba duplicó sus números, con 236 atenciones.

    Cuidados especiales

    Una situación excepcional es la que han vivido bañistas y socorristas de DYA en la playa urbana de Mutriku, donde se están realizando obras de remodelación de un puerto deportivo. «No existía en invierno. Se consiguió un tramo para que pudiera ser utilizada por los bañistas este verano. Ha quedado una playa más tranquila, pero más agreste por las obras». Algo similar a lo que ocurrió el año pasado en la oriotarra Antilla, también con obras periplayeras. «Ahora está perfectamente urbanizada y ha regresado toda la gente habitual».

    DYA se ocupa, como quien dice, de playas de escasa presencia turística y con mucha gente de casa. Lo que puede ser una ventaja a la hora de prevenir, porque los habituales conocen los peligros de cada una de ellas, o un inconveniente más si alguien se lanza a mar abierto sin saber nada de las corrientes o el oleaje.

    Rodrigálvarez comenta que «tiene esa doble faceta. Itxurun es muy usada por gente de Zumaia y alrededores, pero tiene su peligrosidad, a pesar de su hermosura. Es una playa difícil y DYA no baja la guardia. Este año no ha tenido tantas incidencias como el año pasado, que fue donde más casos tuvimos. Esta vez ha sido en la de Antilla, con muchas olas, muchos surferos y muchos bañistas a los que se debe prevenir para no sufrir con el oleaje», señala.

    Para Cruz Roja, la vigilancia más atenta es para los niños hasta cuatro años, «con los que se deben extremar las precauciones en cuanto a hidratación y sol», recomendando que ni ellos ni los más mayores tomen el sol «entre las 12 del mediodía y las 4 de la tarde». Asimismo, recalcan el cuidado que debe tener aquella persona con antecedentes patológicos cardiovasculares, diabéticos, epilépticos, o asmáticos agudos. «Si no se encuentran bien deben avisar inmediatamente a los profesionales socorristas», ruega.

    Golpes y corrientes

    El traumatismo es el rey de las atenciones de la DYA «mucho más que las actuaciones dentro del agua para rescatar a personas», recalca Rodrigálvarez. Viene ligado por actividades lúdicas dentro y fuera del agua. Cortes en las rocas, con caparazones, conchas «y las tradicionales picaduras de los xabirones». Xalbera, xalbario o xabiron, como se le denomine, pero con la molesta picadura que se sufre en la planta del pie y tiene fácil solución en los botiquines playeros. Recalca que «esperamos que las medusas sigan sin aparecer, aunque suelen venir también en septiembre si sube el agua un par de grados».

    En cambio, para los de Cruz Roja han sido los rescates en el agua. Andoni Saratxo, responsable de comunicación de Cruz Roja, señala la diferencia entre actuaciones, rescates de bañistas y de embarcaciones en este mes de agosto. «El mayor número se ha producido entre bañistas, arrastrados por las corrientes». El 77% de los salvamentos han sido gente que estaba en el agua y han tenido que ser devueltos a la arena. «En todos los casos estaba colocada la bandera amarilla, de precaución, o la roja de prohibición», recalca. El otro 23% era rescate de embarcaciones.

    Lo que queda patente es que los bañistas cada vez respetan más la persona y la labor de los socorristas de DYA, perfectamente identificables con sus camisetas amarillas. «Se hace mucha insistencia en campañas de comunicación y mensajes de megafonía playera, en la señalización de las playas. La respetan y valoran cada año más, pero quizá demasiado poco a poco». Eso sí, cuando ponen bandera roja, los de DYA trabajan a fondo porque ninguno quiere quedarse sin su baño un día de calor o ese único día que ha podido ir a la playa. «Nos dicen que las ponemos para no trabajar, pero la verdad es que esos días son los de más dedicación porque hay que estar metido en la orilla sacando a la gente e intentándoles convencer de que sólo se pueden meter hasta las rodillas», cuenta Rodrigálvarez. «La gente es reacia a las banderas amarilla y roja, pero somos muy cuidadosos con los bañistas porque se trata de que disfruten, pero sin peligro». Y pone el caso de la zumaiarra Itxurun, muchas veces con señalización de precaución o peligro.

    Precisamente en esta playa han realizado este año un experimento del que DYA se siente especialmente satisfecho: separar a base de banderas señalizadoras en la orilla las zonas de bañistas de los del surf o de uso de los discos de patinaje en la orilla, para evitar golpes y accidentes. «Es una buena solución acotar espacios».
     
    Última modificación: 4 Sep 2006
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  2. tanidya

    tanidya e-mergencista experimentado

    Sorpresas de nudistas y de pasteles

    Hay anécdotas, claro. La cuenta, por parte de DYA, Rodrigálvarez. «La más llamativa es la pareja de turistas extranjeros que se desnudan con la mayor naturalidad para tomar el sol y bañarse. Nos vienen a avisar los de alrededor... Llaman la atención, pero la gente es tolerante. Probablemente en playas similares de la costa francesa no se pueda hacer lo mismo».

    De Cruz Roja, la narra Saratxo: «Una mujer se bañaba con su nieto de 7 años en Deba y hubo que rescartarlos a los dos. La señora tenía mareos y no podía ni salir sola ni con el chico. Se le atendió, recuperó y al día siguiente vino donde los socorristas con una bandeja de pasteles. Les decía más que agradecida: 'no sabía qué traerles y como son jóvenes me he decidido por lo dulce'
     
  3. tanidya

    tanidya e-mergencista experimentado

    «Los accidentes ocurren casi siempre de 2 a 2 del mediodía»

    Vigilan desde sus torretas la orilla, el mar y hasta a quienes enrojecen sobre la toalla.

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    Un día lluvioso es el más adecuado para entrevistar a un socorrista de playa. En este caso, Lorena Gobel, responsable del grupo de diez trabajadores de Cruz Roja que atienden en las dos torretas, tres si hay mucha gente, de La Concha. Está sentada junto a sus compañeros en el voladizo, vigilando la orilla, desierta de bañistas.



    - ¿Cómo enfocan una jornada que va a ser soleada y multitudinaria?

    - Empezamos a las 10 de la mañana, pero llegamos un poco antes para armar las torres. Tres si es festivo o hay mucha gente y dos si es un día normal. Una aquí en Los Relojes y la otra en el Eguzki. Terminamos a las 8 de la noche. Siempre estamos siete socorristas. Unos recorremos la playa, otros están bajo la torreta para hacer las intervenciones y otro vigila desde lo alto, que es quien avisa si hay que realizar algún rescate. Hoy, con lluvia, estamos seis, el mínimo, aunque sea un día feo.

    - ¿Cuál es el peor horario, por las incidencias?

    - De 11 a 4 de la tarde y especialmente, de 12 del mediodía a las 2. Son las horas en que ocurren los incidentes más graves. Curiosamente coincide que se trata a gente mayor, que viene temprano a la playa, toma mucho el sol y sufre lipotimias, o bien se meten al agua y el cambio brusco de temperatura les produce paradas cardiorrespiratorias. Las tardes son más tranquilas.

    - ¿Hay alguna estadística de que sea gente de fuera quien más sucesos protagoniza?

    - No hay estadística, pero sí la certeza de que quien no es de aquí suele tumbarse al sol como los lagartos y se quema. Suele ocurrir cada quincena, cuando llegan turistas con la piel completamente blanca y quieren ponerse morenos en un día. Tampoco conoce las prevenciones que se deben tomar al bañarse y están más expuestos a las olas y mareas.

    - En La Concha habrá más asistencias entre los que están en la arena que entre los que se bañan, ¿no?

    - Sí, muchas más. Picaduras, golpes y cortes en el Pico del Loro. Esta es la zona más peligrosa de una playa segura como es La Concha. Cuando sube la marea hay muchos que intentan pasar y se ven golpeados por el oleaje, bastante fuerte en el lado de Ondarreta. También los gabarrones ocasionan problemas porque es una meta, por sus trampolines y txirristras, para muchos que no saben nadar o no tienen fuerza para volver, sobre todo con marea alta.

    - ¿Les socorren y luego les riñen?

    - Ja, ja. No. Ya se dan cuenta de que no deben volver a ese lugar. Pero sí que les hablamos después del peligro que han corrido.

    - ¿Hay mucho inconsciente en las playas?

    - Mucho, sí. Lo que ocurre es que el inconsciente joven tiene fuerza para superar una situación de peligro.

    - ¿Algún susto que recuerde este verano?

    - Varias reanimaciones, por ejemplo. Dos paros cardiorrespiratorios. Eran dos personas mayores con antecedentes de deficiencias cardíacas. Fueron sacadas cuando se bañaban con el agua en el pecho, afortunadamente. Pero en La Concha, lo más habitual son las asistencias sanitarias, a niños pequeños y a personas mayores, sobre todo.

    - ¿La gente es respetuosa con sus indicaciones?

    - Sí, cada vez más. El problema habitual es que se bañan en las dos zonas señaladas en la orilla con banderas para la entrada y salida de las piraguas. Por lo visto no entienden su significado y se bañan ahí, por lo que tenemos que ir a sacarles.

    - ¿La olas junto a la pared bajo Alderdi Eder son peligrosas?

    - Sólo cuando ha habido luna llena, porque provoca mareas más altas de lo normal y golpea contra la rampa. Pero no es peligroso.

    - Seguro que tiene alguna anécdota curiosa.

    - No, porque los casos más raros siempre terminan bien y es algo normal. Quizá es curioso que una señora a la que recuperamos de una parada cardiorrespiratoria, que todos los años viene a preguntarnos qué tal estamos. Es una alegría.

    - Seguro que les han intentado dar propina.

    - Sí, pero la rechazamos. Es gente que cree que somos voluntarios. Les informamos que somos profesionales contratadas y pagadas. A veces sí, nos traen un refresco.

    - ¿Por curiosidad: qué hace una argentina de socorrista aquí?

    - Trabajo de socorrista los veranos aquí y allá, que son de enero a marzo. Así llevo seis años.
     
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